Para vos, porque si lo lees, te encontrarás.
Lugar de ocio, de letras, de historias absurdas, de historias de amor, que siempre son las más absurdas
sábado, octubre 02, 2010
Dos de Octubre. De Olvidos y Reencuentros.
Para vos, porque si lo lees, te encontrarás.
miércoles, septiembre 08, 2010
Para bien o para mal
lunes, agosto 16, 2010
Miércoles
toma estos cinco hilos del desierto
y enlázate con ellos el amor
donde te arena el llanto"
Así que él, que para eso del "arriba y adelante" se pintaba solo, tuvo a bien escuchar las noticias y la música sin el humor tamaño pesadumbre, con las huestes del optimismo bien enfiladas a la oficina y cuando abordó el taxi, le dio los buenos días al "Gallo" (conductor avieso, si los hay), con una sonrisa total. Luego la oficina: como en una de esas tareas de línea de producción, encendió la quackintosh -como él la llamaba, se sirvió el primer café del día, y le dio la bienvenida al nuevo sol, en un ritual secreto que sólo él y Dios entendían.
No es que Diego fuera muy religioso, es que sabía -bien que sabía- que Él (quien quiera que fuese) le había dado el pase para gol y así vencer a La Flaca a menos de dos minutos del pitazo final. Por eso tenían un diálogo matutino, con la escena cursi y bucólica de los pajarillos amaneciendo a los gritos, es decir, a los cantos, con el sol asomándose, bostezo de por medio. Desde el segundo piso de la oficina-cadalso, la vida parecía buena, casi podría decirse feliz. Sería por eso que Diego se atrevió y le dio un largo sorbo al café.
Suspiró una, dos, tres veces. Fue directo a la mac y revisó tranquila, pausada, certeramente, las tareas por cumplir: el rediseño del portal educativo, las cuatro juntas que le provocaron un mohín de fastidio y la orientación a usuarios, que le hacía sentirse un poco menos parásito dentro de La Organización. Se impuso otro trago al café.
Con singular apego a la rutina (hombre predecible, habría que ver),abrió el correo y el primer escalofrío injertado en sonrisa le recorrió de arriba a abajo cuando descubrió, entre toda la publicidad, entre todos los requerimientos y recomendaciones, las seis letras del nombre, el apellido de siete y, sin saber por qué, respiró profundo, para estallar en una carcajada, una de las más sinceras -quizá- que había tenido y quien sabe, que tendría.
Diego, el de las nueve con diez de la mañana de ese miércoles, era realmente otro, tenía la mirada encendida de impaciencia, de esperanza (si es que no son la misma cosa). Así que se preparó otro café, y sonriendo, con la vista fija en ningún lado, lo bebió lentamente. Regresó a su lugar y, con la misma calma absurda, casi desesperante, revisó uno a uno los correos, casi regodeándose en el masoquismo de postergar, para el final, el nombre seis letras.
Y como no hay fecha que no se llegue ni plazo que no se cumpla,a las nueve treinta y cuatro de ese miércoles dieciseis de agosto, descubrió que ella amaba a Benedetti, que tenía cuatro, cinco y a veces hasta seis puntos suspensivos; que necesitaba hablar -o escribir, vaya usté a saber- tanto como él; que redactaba fluido y con dos o tres faltas de ortografía, que era unigénita -también?, no, qué cosa!, que Cortazar y el Bestiario, que Gabo le había firmado uno de sus libros, que era perfeccionista y no fumaba ni tomaba, que podía ver tres películas de cine de arte al hilo, que era una Gandhi-holic y procuraba mantenerse alejada de las librerías en quincena.
Hilvanaba sonrisa tras sonrisa, suspiro tras supiro (por cursi que parezca). ¿Cómo? -se preguntó ¿cómo es que todas esas letras etán atrapadas en un solo nombre?. Repaso una y otra y otra vez, las letras: bit a bit, byte a byte, los juegos de palabras, el sarcasmo apenas disimulado, la fascinación por el fondue de chocolate de Los Danzantes, el tanto y de tantas maneras, los besos nocturnos y desvelados, la compatibilidad que los astros jamás quisieron, en fin...
Cuando terminó de leer, supo que ese miércoles le iba a marcar un antes y un después. Quién sabe, tal vez terminarían sin haber comenzado, quizá con el paso del tiempo, se olvidarían el uno del otro... o tal vez no. Probablemente, diez años después, él escribiría que ese miércoles fue el más original, el de la casualidad (o azar? preguntaba Ella), el del Destino (si es que eso existe), tal vez, diez años después, él, desde el recuerdo, le escribiría una carta sin remitente ni destinatario, "Para Bien o Para Mal" ...
Vale pues. Salud y que el Alzheimer no toque a las puertas del corazón.
miércoles, agosto 04, 2010
Trapo
Ceguera temporal o apendejamiento virtual, suma de las dos o tal vez ninguna. Así la toma de la mano, para recorrer brechas imaginarias (irreales diría alguna), aferrándose a una mariposa, que ni siquiera puede ni sabe volar.
Clama ilusión temporal, optimismo excedido y por un segundo, anuncia que hay confianza y creencia, querencia y entrega.
No, yo tampoco lo creo, pero así está sucediendo y así se lee, escrito, remarcado y subrayado en muros, paredes y ventanas.
El Muñequito ya no es un muñequituserectus y sin más ni más, tras ese acto, se rompió la espina dorsal de su congruencia y se desvaneció reduciéndose a un… Muñequito de Trapo.
Tranquilos todos, no es señal apocalíptica, porque todavía recuerdo, que él decía aquello de “todos los finales…”.
Condechita sonriendo de lado y pensando… “¿no que no?”.
martes, julio 27, 2010
Mariposa
Entonces me diría que esa pose, que usualmente me parece eso, y no una forma de ser, es auténtica y que en verdad serías esa modelo de pasarela, esa mercadólogachavitabien, que está dispuesta a caminar junto a un profesor, maestro, escritor, con alguna inclinación a la izquierda, del que se han dicho cosas mucho peores.
Digamos que entonces nos arrancamos las etiquetas y serías sólo tú y sólo yo. Digamos que te tomo de la mano, te paseo como adorno en este paso sin tregua que llevo por la vida. Entonces podría subirme a un convertible o a un todo terreno, contigo como copiloto, seguro que sin importar la velocidad, o lo accidentado del camino, llegaríamos (aunque a pesar del optimismo, todavía no sé a dónde).
Por unos cuantos instantes, me podría despojar de esta necia tendencia a analizar y desechar todo aquello que me parezca superficial y banal. Podría incluso creer que lo escrito en un muro es verdadero y que presagia un futuro de final feliz.
Tal vez me convencería que las mariposas no están hechas para volar y que posada ahí, en ese lugar donde antes pensé que era absurdo colocarla, ahí está ella anunciando el amor verdadero y el inicio de este nuevo lovpareid.
Pero entonces, si todo esto pasara, ¿en qué momento, esa mariposa que se aferra a golpear en mi ventana, me convencería de que las mariposas vuelan y me traería de vuelta a la realidad?
Condechita, practicando su telepatía.
viernes, julio 23, 2010
Plastilina
A pesar de las premisas y los resultados negativos, haciendo a un lado paradigmas, se aventuró, por la calle de la ilusión, esquina con Reforma y la vislumbró a lo lejos, parada en un camellón, esperando el siga y posando mientras esto sucedía.
Tomó el molde, cuerpo de proporciones antojables y la frente un poco más alta que otras, y se la llevó a un café. Con el molde entre sus manos, estrechó un poco más su cintura y le acentuó los senos, le dibujó cabello largo y le agregó un gusto musical ecléctico.
Jugando el molde entre sus manos se atrevió a soñar. La tomó de la mano, y la gente los voltearía a ver, los hombres preguntando cómo le hizo y las mujeres, antojadas de ser llevadas de esa forma. Sería el adorno perfecto en reuniones, su copiloto en el deportivo de la vida, agregándole estética al sendero de lucha.
Aferrado a su mano e incluso más al sueño, la condimentó con una cierta dulzura, casi empalagosa. La salpicó de caprichos un tanto banales que antes de molestar, podrían producirle sonrisas. La adornó de aristocracia y la llamó princesa. La realeza a su lado, no le vendría mal al entrar a la charcutería o al palacio (de hierro).
El molde logró empatar perfectamente sus manos (las de él) con las de ella. Entonces (él) se atrevió a seguir soñando, le escribió más de dos renglones y el molde comenzó a escribir en respuesta, casi como dos que adornan un muro cibernético, que irónicamente parece real.
Cada vez que la lee, (él) se permite soñar y se imagina que esta vez sí, que esta vez será. Con Sabina mordiéndole la oreja, y advirtiendo que tal vez tendría la falda muy corta, que tal vez su frente estaría muy alta, lo ignoró y le agregó el último adorno: la mayúscula.
Cuentan que la llama Ella y que esta vez, esta vez sí será, aún cuando a veces, el olor a plastilina le gruñe recordándole que tal vez, sólo sea un molde.
Condechita con el emepetres de Sabina, que le dice: y sin embargo te quiero.
viernes, julio 09, 2010
La Creación
Ironía… el antagónico debe ser irónico. (La ceja levantada y la sonrisa de lado para acentuarlo)
Corriente ideológica contraria a la aceptada por el sistema. Que lea, que lea todo y luego emita juicios acertados, duros e incómodos.
Preferencia sexual: mujeres, más de 100 en su inventario
Estado civil: libre, nómada, ermitaño (incluso podrían llamarle autista sentimental)
Molde: estatura media, tez morena clara, ojos profundos, burla a la vanidad, ágil para saltar muros y cercos ajenos en plena huida de la mediocridad.
Le puso pies, le puso piernas, brazos y manos, le agregó sueños y lo condimentó con un saborcito amargo, que lo pruebas y después de un puchero, quieres probar más.
Corazón acorazado, protegido, fragilidad de hierro… o tal vez, como el hombre de hojalata, va por la vida buscando el corazón, que tras tanto barrote lo considera perdido.
Le adornó la mano con un bolígrafo como apéndice, ágil, rápido y mordaz.Le puso interés en las letras, en la economía, en la política… incapaz de subirse al caballitoPolo o al barquitonáutica.
Así lo creó, un blanco o un negro, pero jamás el hombre del traje gris. Lo podrías amar (PRECAUCIÓN: actividad poco recomendable para ellas incapaces de volar) o querrás detestarlo, pero nunca te será indiferente.
Presencia ambigua, nunca ambivalente, congruente e irreductible. Encanto y encantador, ágil para subir a las camas y para bajar a cualquiera de ella.
Así lo creo, en el octavo día, cuando todo estaba creado, pero faltaba él. Vio su obra terminada, con fallas y aciertos, sonrió de medio lado y lo llamó Muñequito… así lo nombró.
Un abrazo desde mi oficina y el viernes que después de las 12 ya no debería ser laboral.
Condechi.
miércoles, junio 16, 2010
Buen Viaje.
jueves, mayo 06, 2010
Onírica
Medio Día
viernes, abril 23, 2010
Escribir Sobre Ti
Vale pues. Salud y que la tinta no se acabe después de la palabra FIN.
miércoles, marzo 31, 2010
Fugas Perpetuas
Con el corazón en una mano, el cerebro en la otra, he terminado por tirarle el primero a los perros que lo han repartido a trozos iguales; el segundo -ya lo dijo alguien- de por sí no funcionaba, así que lo he guardado en uno de esos vitroleros antiguos, en formol.
¿Será posible que no pueda yo explicar cómo veo que podrían ser las cosas? ¿Será posible que tenga que suspirar profundo y volver a tomar aire para decirte de mil maneras que hay cosas tan reales que pueden parecer ficticias? ¿Será posible?. Quién sabe.
Lo que sí sé es que hace mucho que no te dedicaba letras. Lo que sé es que trasciendes, que te llevo bajo la piel, en cada paso, con las palabras, en silencio, en la canción de la radio, en este texto breve, brevísimo, que no termina de decirte todo lo que se siente de este lado del mundo.
Vale pues. Salud y un abrazo.
Ulises, a las dos y media de la mañana, pensándote.
lunes, febrero 01, 2010
De las esperas, las esperanzas.
jueves, enero 28, 2010
Lenguaje Cifrado.
miércoles, enero 27, 2010
Antes de amanecer.
lunes, enero 25, 2010
Teoría y Práctica
(Albert Camus)
Para ti, aunque lo dudes...
U.
domingo, noviembre 22, 2009
Una raya más al tigre.
tú hacías trampas para no ganar..."
Joaquín Sabina en "El rocanrol de los idiotas"
Algo les dijo, a ambos, que esa partida no iba a ser sencilla. Ella y él tenían sus ayeres en eso del juego. El póker era su afición. Claro, cada cuál por su lado, cada quien en su trozo de realidad. Pero, podría decirse, sabían nadar en eso del bluff, los pares, las tercias y la flor imperial. Así que no fue extraño que aquella noche, al sentarse a la misma mesa, después del saludo, ambos desenfundaran -cada cual- su mazo de cartas.
Ambos sonrieron: "entre tahúres no nos cantamos los ases" le dijo ella. Él asintió y pidieron una baraja "virgen", sin olvidar el comentario de él: "ah, pero queda alguna?" Ella suspiró, arqueando las cejas, pidiendo a "Diosa" un poco de paciencia, dos kilitos de tolerancia para no mandar a la chingada todo, ahí mismo.
Así que vino el barajar las cartas, repartirlas y brindar por el inicio de la noche, todo de un tirón. Ella -mientras el cigarro- amenazó con un par de reinas. Él, qué raro, levantó la ceja e hizo esa mueca que en cualquier otro podría parecer una sonrisa. De esa forma estuvieron profetizándose, poniéndose al alcance del otro sin dejarse alcanzar, jugando póker posfechado, cada dos noches cuarto menguante, encontrados sin buscarse al mediodía de cada quincena. Sin premisas ni promesas, con cientos de recuerdos y conscientes de olvidarlos todos.
"Tenés la mirada cansada" le soltó ella al inicio de la tercera partida, para distraerlo "es el cigarro, o el güisqui, o la cerveza, o la edad, o el tiempo o qué carajo voy a saber..." le respondió él sin dejar de ver las cartas, llenándose los pulmones de nicotina. "Quieres otro trago?" pregunto él con los ojos entornados, bostezando. Ella se limitó a mover la cabeza en clara negativa y sus ojos grandes, oscuros, escudriñaron el rostro ajado, siempre inexpresivo de él. Alguien había tenido la irresponsabilidad de presentarlos. Y ahí estaban. Aceptando el reto. Sin culpas ni disculpas.
Quién sabe cuánto tiempo habrán permanecido en esa mesa. Trago a trago, cigarrillo a cigarrillo, jugando al mismo juego, intercambiando frases sueltas, trozos de poesía, nostalgias completas, odios antiguos, sentimientos razonados que, como se sabe, son los más honestos tratados de soberbia. Y ahí seguían, sin darse por vencidos -ninguno-, descubriendo las debilidades del juego contrario -ambos-, sin saber más allá del nombre y lo que el otro -y la otra- dejaban saber.
Ella, la feminista, siempre concentrada en las cartas, en la apuesta siguiente, traía a cuestas su carga de dilemas, constructos y deconstrucciones, el arma siempre al alcance de la lengua para -si se ofrecía- cercenar el más mínimo atentado contra su dignidad feminista. Con el día a día protegiendo, asesorando, "empoderando" mujeres (aunque vaya usted a saber qué signifique empoderar), con la furia y la pasión adecuadas, justas, pero exacerbadas cuando es fundamental que el mundo sepa que las mujeres son eso: f-e-m-i-n-i-s-t-a-s !
Él, el tantas veces denominado "misógino", divagó por la partida (o partidas) por la noche (o las noches) esgrimiendo esa mueca que en cualquier otro -ya lo dijimos- pudiera ser una sonrisa, escuchando, analizando cada palabra a cuentagotas, haciendo sarcasmos de las contradicciones visibles, del martirologio femenino, feminítico, feministoide. Haciendo los chistes usuales ("Si la mujer fuera buena, Dios tendría una"; "quieren que las mujeres tengan más derechos? agranden las cocinas")... conociendo y comparando, aprendiendo y aprehendiendo, deletreando los argumentos (no fuera a terminar en un MP por 'maltrato psicológico' a una 'feminista').
Así, como quien no quiere la cosa, transcurrió el tiempo, la noche o las noches, el día o los días. Se terminaron los tragos y los cigarrillos. La música y los chistes. A esas alturas del partido -es decir- de la partida, ambos estaban prefigurando al otro, al contrario, al enemigo.
Se supieron, pero no se saborearon. Se masturbaron las neuronas al grado del orgasmo mental. Pero, como cualquiera sabe, amor no es literatura si no se escribe con piel. Y poco a poco el misógino empieza a ceder terreno, pensando que bueno, tal vez no todas sean iguales, quizá "ella sea diferente", que ya a su edad, tal vez sería "bueno" que... por qué no?. Y suspira.
Ella, por su parte, piensa -también- que quizá, bueno, por qué no?, quién sabe, probablemente no sea tan macho, ni tan misógino, ni tan ojete si, de todas formas, "un tipo que lee poesía, no puede ser tan malo". Y también suspira.
Ambos dejan las cartas sobre la mesa (bocabajo, por si las dudas). Entonces ocurre que ella y la sonrisa, se muerden los labios, él y la mueca (que en cualquier otro... ya lo dijimos), también. Se miran y vuelven a suspirarse para, después, lentamente, dar vuelta a las cartas del rival. Descubren, casi sin sorpresa, sí con una rabia color tristeza que ambos tienen póker de ases.
Se sonríen, cínica, sincera, absolutamente. Dicen salud por última vez, apuran el trago de un sólo sorbo. Por algún tipo de oscuro designio se escucha aquella canción: "de aquel amor, de música ligera..." Ambos saben que no volverán a verse ni a jugar. Ella a seguir empoderando, él a seguir analizando. Ha sido una raya más al tigre. Y nada más.
Ulises, aprendiendo que la tercia siempre es mejor que los dos pares.
martes, noviembre 03, 2009
Crónica de Café.
La noche es la mitad de la vida y -definitivamente- la mejor mitad
Goethe
Hay quien dice que las grandes revoluciones, las mejores amistades y las más apasionadas historias de amor tienen algo en común: son casuales, imprevistas, insospechadas y absolutas. Quién sabe. Sólo sé que no lo planearon, simplemente lo decidieron. Esa tarde ella estaba aburrida de dormir veinticuatro horas interrumpidas por dos visitas al baño y una a la cocina. Él, desde su esquina del mundo, se puso a arreglar la política internacional, el fútbol y los misterios femeninos con su más cercano partenaire intelectual. Cada quien desde su atalaya, cada cual en su púlpito, cada uno en su llanura –o su páramo, vaya usté a saber.
Seguramente los dos bostezaron al mismo tiempo, parte por el frío de la tarde de cambio climático sensible, parte por tedio y alguno se atrevió a preguntar: “y si vamos por el café que nos debemos?” y el otro dijo simplemente, “va”. Dicen que así empiezan las revoluciones, las grandes amistades, las historias de amor inolvidables. Quién sabe. Vaya usté a saber
El caso es que se encontraron a deshoras de la tarde, con la lluvia latiendo por las aceras encharcadas y los parabrisas que no se olvidaban de llorar. Él oteó el ambiente del área de fumar (qué, ¿hay de otra?) y reconoció –casi sin pena ni duda- los ojos color verde mariguana de los que el Sabina habló alguna vez. Detrás de la neblina de tabaco, ella y la sonrisa plena, franca, sin dobles ni triples intenciones. El abrazo cálido, breve, sincero, determinó el rumbo de las cosas: dos que se re-encuentran después de mucho tiempo de ni siquiera conocerse,con la familiaridad de los sediciosos que han compartido un Golpe de Estado, una conspiración, un acto subversivo, y sobrevivieron para contarlo.
Así fue, y no de otra manera, que hilvanaron sus historias. A trompicones e interrupciones, a risas y sonrisas. La infalible carcajada cuando hablaron de temas tan simples como absurdos. La seriedad y el protocolo cuando los temas absurdos -pero no tan simples- hicieron su aparición. Cotejaron sus historias, y aunque ambos sabían que todos los finales son el mismo repetido, deslizaron sobre la mesa un acuerdo tácito: la esperanza de no decirlo.
Por su parte, el tiempo aunque no tuvo tiempo de hacer inventario de los cigarros, el café y las palabras, sí exigió el pago de su cuota de placer. Y fue el tiempo, ese perseverante miserable, el que seduo a la mesera medianoche para que les dijera, previo carraspeo y sonrisa fingida: "señores, ya vamos a cerrar".
Muchas cosas quedaron en el tintero, algunas más que las colillas que llenaron el cenicero. Salieron al frío de la noche, él, con una verdad recién aprendida, un aprendizaje verdadero; ella, jugando a vivir, viviendo como en juego; con los ojos verdes iluminando la noche, brincando entre charcos, evadiendo el protocolo.
Luego, ya sabe usté, la despedida, el lugar común del "ojalá que volvamos a vernos..." y la frase, combinada con el café, que produce insomnio: "Para ser feliz, no siempre necesitas tener la razón"... pero ésa es otra historia.
Vale pues. Salud, un café y un cigarro para continuar la conversa.
U.
jueves, junio 25, 2009
Bodas de Madera
Ulises
miércoles, junio 10, 2009
El poder. La prepotencia. La indolencia.
Para Eduardo, por la conversación que, vaya cosas!, me dio la razón.