Lugar de ocio, de letras, de historias absurdas, de historias de amor, que siempre son las más absurdas
jueves, mayo 06, 2010
Onírica
Medio Día
viernes, abril 23, 2010
Escribir Sobre Ti
Vale pues. Salud y que la tinta no se acabe después de la palabra FIN.
miércoles, marzo 31, 2010
Fugas Perpetuas
Con el corazón en una mano, el cerebro en la otra, he terminado por tirarle el primero a los perros que lo han repartido a trozos iguales; el segundo -ya lo dijo alguien- de por sí no funcionaba, así que lo he guardado en uno de esos vitroleros antiguos, en formol.
¿Será posible que no pueda yo explicar cómo veo que podrían ser las cosas? ¿Será posible que tenga que suspirar profundo y volver a tomar aire para decirte de mil maneras que hay cosas tan reales que pueden parecer ficticias? ¿Será posible?. Quién sabe.
Lo que sí sé es que hace mucho que no te dedicaba letras. Lo que sé es que trasciendes, que te llevo bajo la piel, en cada paso, con las palabras, en silencio, en la canción de la radio, en este texto breve, brevísimo, que no termina de decirte todo lo que se siente de este lado del mundo.
Vale pues. Salud y un abrazo.
Ulises, a las dos y media de la mañana, pensándote.
lunes, febrero 01, 2010
De las esperas, las esperanzas.
jueves, enero 28, 2010
Lenguaje Cifrado.
miércoles, enero 27, 2010
Antes de amanecer.
lunes, enero 25, 2010
Teoría y Práctica
(Albert Camus)
Para ti, aunque lo dudes...
U.
domingo, noviembre 22, 2009
Una raya más al tigre.
tú hacías trampas para no ganar..."
Joaquín Sabina en "El rocanrol de los idiotas"
Algo les dijo, a ambos, que esa partida no iba a ser sencilla. Ella y él tenían sus ayeres en eso del juego. El póker era su afición. Claro, cada cuál por su lado, cada quien en su trozo de realidad. Pero, podría decirse, sabían nadar en eso del bluff, los pares, las tercias y la flor imperial. Así que no fue extraño que aquella noche, al sentarse a la misma mesa, después del saludo, ambos desenfundaran -cada cual- su mazo de cartas.
Ambos sonrieron: "entre tahúres no nos cantamos los ases" le dijo ella. Él asintió y pidieron una baraja "virgen", sin olvidar el comentario de él: "ah, pero queda alguna?" Ella suspiró, arqueando las cejas, pidiendo a "Diosa" un poco de paciencia, dos kilitos de tolerancia para no mandar a la chingada todo, ahí mismo.
Así que vino el barajar las cartas, repartirlas y brindar por el inicio de la noche, todo de un tirón. Ella -mientras el cigarro- amenazó con un par de reinas. Él, qué raro, levantó la ceja e hizo esa mueca que en cualquier otro podría parecer una sonrisa. De esa forma estuvieron profetizándose, poniéndose al alcance del otro sin dejarse alcanzar, jugando póker posfechado, cada dos noches cuarto menguante, encontrados sin buscarse al mediodía de cada quincena. Sin premisas ni promesas, con cientos de recuerdos y conscientes de olvidarlos todos.
"Tenés la mirada cansada" le soltó ella al inicio de la tercera partida, para distraerlo "es el cigarro, o el güisqui, o la cerveza, o la edad, o el tiempo o qué carajo voy a saber..." le respondió él sin dejar de ver las cartas, llenándose los pulmones de nicotina. "Quieres otro trago?" pregunto él con los ojos entornados, bostezando. Ella se limitó a mover la cabeza en clara negativa y sus ojos grandes, oscuros, escudriñaron el rostro ajado, siempre inexpresivo de él. Alguien había tenido la irresponsabilidad de presentarlos. Y ahí estaban. Aceptando el reto. Sin culpas ni disculpas.
Quién sabe cuánto tiempo habrán permanecido en esa mesa. Trago a trago, cigarrillo a cigarrillo, jugando al mismo juego, intercambiando frases sueltas, trozos de poesía, nostalgias completas, odios antiguos, sentimientos razonados que, como se sabe, son los más honestos tratados de soberbia. Y ahí seguían, sin darse por vencidos -ninguno-, descubriendo las debilidades del juego contrario -ambos-, sin saber más allá del nombre y lo que el otro -y la otra- dejaban saber.
Ella, la feminista, siempre concentrada en las cartas, en la apuesta siguiente, traía a cuestas su carga de dilemas, constructos y deconstrucciones, el arma siempre al alcance de la lengua para -si se ofrecía- cercenar el más mínimo atentado contra su dignidad feminista. Con el día a día protegiendo, asesorando, "empoderando" mujeres (aunque vaya usted a saber qué signifique empoderar), con la furia y la pasión adecuadas, justas, pero exacerbadas cuando es fundamental que el mundo sepa que las mujeres son eso: f-e-m-i-n-i-s-t-a-s !
Él, el tantas veces denominado "misógino", divagó por la partida (o partidas) por la noche (o las noches) esgrimiendo esa mueca que en cualquier otro -ya lo dijimos- pudiera ser una sonrisa, escuchando, analizando cada palabra a cuentagotas, haciendo sarcasmos de las contradicciones visibles, del martirologio femenino, feminítico, feministoide. Haciendo los chistes usuales ("Si la mujer fuera buena, Dios tendría una"; "quieren que las mujeres tengan más derechos? agranden las cocinas")... conociendo y comparando, aprendiendo y aprehendiendo, deletreando los argumentos (no fuera a terminar en un MP por 'maltrato psicológico' a una 'feminista').
Así, como quien no quiere la cosa, transcurrió el tiempo, la noche o las noches, el día o los días. Se terminaron los tragos y los cigarrillos. La música y los chistes. A esas alturas del partido -es decir- de la partida, ambos estaban prefigurando al otro, al contrario, al enemigo.
Se supieron, pero no se saborearon. Se masturbaron las neuronas al grado del orgasmo mental. Pero, como cualquiera sabe, amor no es literatura si no se escribe con piel. Y poco a poco el misógino empieza a ceder terreno, pensando que bueno, tal vez no todas sean iguales, quizá "ella sea diferente", que ya a su edad, tal vez sería "bueno" que... por qué no?. Y suspira.
Ella, por su parte, piensa -también- que quizá, bueno, por qué no?, quién sabe, probablemente no sea tan macho, ni tan misógino, ni tan ojete si, de todas formas, "un tipo que lee poesía, no puede ser tan malo". Y también suspira.
Ambos dejan las cartas sobre la mesa (bocabajo, por si las dudas). Entonces ocurre que ella y la sonrisa, se muerden los labios, él y la mueca (que en cualquier otro... ya lo dijimos), también. Se miran y vuelven a suspirarse para, después, lentamente, dar vuelta a las cartas del rival. Descubren, casi sin sorpresa, sí con una rabia color tristeza que ambos tienen póker de ases.
Se sonríen, cínica, sincera, absolutamente. Dicen salud por última vez, apuran el trago de un sólo sorbo. Por algún tipo de oscuro designio se escucha aquella canción: "de aquel amor, de música ligera..." Ambos saben que no volverán a verse ni a jugar. Ella a seguir empoderando, él a seguir analizando. Ha sido una raya más al tigre. Y nada más.
Ulises, aprendiendo que la tercia siempre es mejor que los dos pares.
martes, noviembre 03, 2009
Crónica de Café.
La noche es la mitad de la vida y -definitivamente- la mejor mitad
Goethe
Hay quien dice que las grandes revoluciones, las mejores amistades y las más apasionadas historias de amor tienen algo en común: son casuales, imprevistas, insospechadas y absolutas. Quién sabe. Sólo sé que no lo planearon, simplemente lo decidieron. Esa tarde ella estaba aburrida de dormir veinticuatro horas interrumpidas por dos visitas al baño y una a la cocina. Él, desde su esquina del mundo, se puso a arreglar la política internacional, el fútbol y los misterios femeninos con su más cercano partenaire intelectual. Cada quien desde su atalaya, cada cual en su púlpito, cada uno en su llanura –o su páramo, vaya usté a saber.
Seguramente los dos bostezaron al mismo tiempo, parte por el frío de la tarde de cambio climático sensible, parte por tedio y alguno se atrevió a preguntar: “y si vamos por el café que nos debemos?” y el otro dijo simplemente, “va”. Dicen que así empiezan las revoluciones, las grandes amistades, las historias de amor inolvidables. Quién sabe. Vaya usté a saber
El caso es que se encontraron a deshoras de la tarde, con la lluvia latiendo por las aceras encharcadas y los parabrisas que no se olvidaban de llorar. Él oteó el ambiente del área de fumar (qué, ¿hay de otra?) y reconoció –casi sin pena ni duda- los ojos color verde mariguana de los que el Sabina habló alguna vez. Detrás de la neblina de tabaco, ella y la sonrisa plena, franca, sin dobles ni triples intenciones. El abrazo cálido, breve, sincero, determinó el rumbo de las cosas: dos que se re-encuentran después de mucho tiempo de ni siquiera conocerse,con la familiaridad de los sediciosos que han compartido un Golpe de Estado, una conspiración, un acto subversivo, y sobrevivieron para contarlo.
Así fue, y no de otra manera, que hilvanaron sus historias. A trompicones e interrupciones, a risas y sonrisas. La infalible carcajada cuando hablaron de temas tan simples como absurdos. La seriedad y el protocolo cuando los temas absurdos -pero no tan simples- hicieron su aparición. Cotejaron sus historias, y aunque ambos sabían que todos los finales son el mismo repetido, deslizaron sobre la mesa un acuerdo tácito: la esperanza de no decirlo.
Por su parte, el tiempo aunque no tuvo tiempo de hacer inventario de los cigarros, el café y las palabras, sí exigió el pago de su cuota de placer. Y fue el tiempo, ese perseverante miserable, el que seduo a la mesera medianoche para que les dijera, previo carraspeo y sonrisa fingida: "señores, ya vamos a cerrar".
Muchas cosas quedaron en el tintero, algunas más que las colillas que llenaron el cenicero. Salieron al frío de la noche, él, con una verdad recién aprendida, un aprendizaje verdadero; ella, jugando a vivir, viviendo como en juego; con los ojos verdes iluminando la noche, brincando entre charcos, evadiendo el protocolo.
Luego, ya sabe usté, la despedida, el lugar común del "ojalá que volvamos a vernos..." y la frase, combinada con el café, que produce insomnio: "Para ser feliz, no siempre necesitas tener la razón"... pero ésa es otra historia.
Vale pues. Salud, un café y un cigarro para continuar la conversa.
U.
jueves, junio 25, 2009
Bodas de Madera
Ulises
miércoles, junio 10, 2009
El poder. La prepotencia. La indolencia.
Para Eduardo, por la conversación que, vaya cosas!, me dio la razón.
martes, abril 07, 2009
Aniversario.
Vale pues. Salud y que los exilios siempre tengan algo qué enseñar
El U.
domingo, agosto 24, 2008
En un oxxo.
Serena, silenciosa, estúpida
(todas las muertes son estúpidas)
La mujer suspira, el borracho dice no más
La muerte los vigila.
La anciana no lo sabe, pero también está al acecho.
Muerte. No Vida. Fin. Ahí está.
Los pantanos se cimbran, el cielo es estrellado.
La noche es perfecta. Él sale a comprar una coca-cola
Una mujer grita enardecida el orgasmo.
La vida está a la vuelta de la esquina. La Muerte también
Los infieles, las groupies, los “yonkis”, las putas.
Todos están. La Muerte también.
Hay rocío de madrugada. Y muerte. También
Él entra al minisuper. La Muerte tras de él.
Pide su coca, va saliendo. La Muerte con él.
Y entra un tipo de menos uno sesenta
Con una "escuadra" en la mano.
Apunta directo a su frente
-"La Muerte"- piensa él.
Y sonríe. ¿qué tiene qué perder?
“Tira”, le grita, la mirada se clava en la mirada
La Muerte sonríe
La Muerte es esclava de las decisiones.
Todo es en un segundo.
Las groupies, las rubias, las casadas
Todas.
Las solteras, las pasadas, la presente.
Todas.
Golpe a golpe, como en “the fight club”
Todo está ahí
La mujer que gritaba su orgasmo.
El rocío de la madrugada
La mujer sin estrenar.
La nena sin graduar.
Todo es simple. Ve a La Muerte.
Le cierra el ojo.
Nada más
Dos horas después, el levantamiento del cadáver.
La vida sigue.
La mujer grita otro orgasmo
Las groupies buscan otro ídolo
Los gays buscan otro candidato
La vida sigue.
Ulises, a 23 de agosto, saliendo del oxxo, con el sobrio sabor de muerte.
sábado, agosto 23, 2008
A ti
Lo aprendí de tus labios cantores…”
(J.M. Serrat “Lucía”)
“Para Pilar, por lo que fue, por lo que es, por lo que será”
Cómo empezar a escribirte, tan lejana y tan a mi lado. Cómo decirte todas las buenas cosas que me has inventado. Cómo escribirte sin tener el atento del suspiro. Ahora, a este exilio al que me he dedicado, cómo poder definir lo que hay de bueno por vos, si por doquiera te miro.
¡¿Quién hace apuestas por el caballo más flaco y desnutrido?! ¡¿Quién levanta al borracho de nadie en medio de la calle solitaria, aburrida?! ¿¡Quién podría hacer la magia de un moribundo retornar a la vida?! Vaya pues, siquiera, y en tiempos olímpicos, ¿quién podría decir que el traspatio de los gringo gana diez medallas de oro? Y mira que vos lo hiciste sin ambición y con expectativa.
Me acuerdo bien de ese día, no te creas que lo olvidé. Jamás olvido (para bien o para mal). Sé quiénes me estuvieron y quiénes me dejaron. A cada cual le tendrá su bien o su mal reservado, quién lo sabe y qué importa. Pero vos con esa facha de ama de casa que quiere probar algo más, con tus malas intenciones y tus buenas propuestas, ¿quién no se iba a enamorar de ti? Si desde aquella pasada mujer, enero dos mil - veintidós mayor que yo- ninguna me había despertado tanto la concupiscencia.
Todavía me acuerdo cuando te platicaba de “Ella” y su mala forma de vivir el amor y tú sonreías y decías que nada de eso era cierto. Y yo juraba y perjuraba que sí, que no lo había inventado. Me dijiste que la vida es aquí, ahora, justo en ese instante eterno que es el clímax. Sólo hasta mucho tiempo después lo descubrí en tu piel, en tu voz, en la mirada que, bendito Dios, en nada se parece a “Ella”. ¿Te acordás cuando nos reíamos de Ella y sus migajas de amor tiradas como al azar? Sólo hasta ti comprendí qué vos eras lo que buscaba.
¿Quién me lo iba a decir? Todas las apuestas en contra (incluyendo la mía), todas las tardes sin nubes, todas las mañanas sin sol, todas las noches sin luna, todas las casas vacías, todo tan nada, y , la vida entera para caer tan hondo, ¿a quién le iba a importar? Redimirme, sin siquiera para romper a carcajear.
Pero ¿quién me diría? Que después de tantos y tantos intentos tuyos, de tantos y tantos miedos míos, renegaciones mías, iras mías. De tanto y tanto buscarla -a la Ella- y buscarte (porque vos lo sos). De tanto confundirle el nombre (a la pobrecita) con el tuyo (tan rico), de tantas borracheras que terminaban en llanto con su nombre, y tu paciencia que se derrengaba en sabiduría, siguieras insistiendo en que sí, que “el amor no es posible, es seguro”? Quién me iba a decir que tú y sólo tú has sabido levantarme de mí, a pesar de mí; que has sabido creer en lo que nadie creyó, que has hecho esto que nadie hizo, quién, quién, ¿quién me lo iba a decir?
Tú que no cobras y sigues siendo libre, tú que no profesas y sigues siendo una profesional hablando de Dios; tú que no prometes, pero me cumples; tú que eres sencilla como la vida, compleja como tu contradicción; tú que sos la única que quiero, la que más deseo, la que necesito a la que le soy fiel, leal, por quien vivo y por quien miro pero tampoco a diario veo.
Tú, ¿quién te tenía tan presa? Tú que juegas ajedrez, que practicas el sarcasmo, tú que no he publicado, quien todos me dicen que no es, pero sho sé que es, que escucha conmigo a Sabina, que baila, que ironiza y adivina. Tú, que me esperas y te ríes de las que no son vos. ¿Quién si no vos? Cómo no decir que TE AMO? A ti, este escrito, a ti, por lo que me reste. A ti. Para vos. A quien amo, Mi Mujer.
Vale pues. Salud y que la vida sea El Amor. La Felicidad. Así, sin problemas, con diálogo, sin orgullos, con miradas, sin dobles intenciones.
Ulises, que ya se lo debía a “Ella”, a la de la paella y el flan napolitano”, a “La vida” que endulzó la vida.
sábado, agosto 16, 2008
Aniversario
“..porque el amor cuando no muere mata
Porque amores que matan NUNCA mueren…”
Creyó que se le había terminado la inspiración. Como si fuera cierto que la inspiración se contiene en una botella, se bebió todas hasta la última gota; y cuando al final no quedaba nada, con lo poco que tenía de sobriedad, cerró el cuaderno negro, tiró el bolígrafo de tinta blanca y se dijo: “ni una vez más”
Creyó que eso sería todo: se afeitó las ganas de salir a buscarla, le dio dos tiros de gracia a la nostalgia (no fuera que reviviera cualquier día) y tiró a la basura los cachitos de las fotografías dedicadas que rompió. Borró cada archivo y cada canción que le inyectara un poco de pasado. Así fue.
Creyó que mudarse de ciudad, respirar nuevos aires, oler otros perfumes, amanecer en otra cama que no fuera la que le suspiraba, iba a ser suficiente. En el colmo del cinismo, vio otros atardeceres, suspiró por otros besos y, en pocas palabras, se reinventó. Así fue.
Creyó que dedicar mañanas y tardes, noches y madrugadas a sus nuevos propósitos, cantar canciones alegres y no nombrarla era suficiente. Se enamoró y desenamoró de quince mujeres más. Alguna vez, pasando por la ciudad de sus tragedias, sonó, como por casualidad, aquella canción que era un tácito acuerdo de no olvidarse. Apagó, de un sólo golpe el estéreo y se puso a tararear el himno a la alegría. Así fue.
Creyó que besar otros labios, abrazar otros ideales, sentir otras manos era suficiente. Bebió café en otros mundos, se perdió en noches insalvables donde se hablaba de todo y de nada, mientras él defendía la soltería como el más grande mérito de un hombre. En su nueva vida, organizada hasta la saciedad, todo era un minuto a minuto, desde el desayuno hasta dormirse a la misma hora. En esa monotonía se sentía feliz, tranquilo, pacíficamente a salvo, como si hubiera regresado del naufragio más grande de la vida, como si ahora todo tuviera que ser pasivamente hermoso, sin sobresaltos, sin pasiones, sin emociones, con rutina que sabía a tranquilidad. Así fue.
Creyó que escondiéndose entre libros y política, entre economía y programación, entre la misoginia y el debate, iba a poder huir de su pasado, tortuosamente maravilloso, malditamente hermoso, si hay que decirlo
Pero los fantasmas corren rápido y pasado no es olvido. Así lo sorprendió el canto de las aves la mañana del dieciséis de agosto. Con la resaca en todas partes pasó saliva pesadamente. A ojos cerrados tentó el buró para encontrar la cajetilla y encendió el primero del día mientras localizaba el control remoto del estéreo que le dio el “buenos días” con Sabina y su voz rasposa del “no, no puedo enamorarme de ti”. Al voltear vio a la mujer de la noche anterior, durmiendo tranquila, sin querer despertar y acurrucándose a su lado. Se levantó sin hacer ruido cuando ya Serrat le taladraba las encías con “aquellas pequeñas cosas” y entonces abrió los ojos. Se miró al espejo. Diez kilos más, encontró la tercera cana que, esta vez, le metió un gancho al hígado. Descubrió nuevas arrugas, la barba crecida, la mirada más triste que nunca y sólo entonces atinó a preguntar: “¡¿qué chingados me pasa?!”
Los fantasmas corren rápido. Pasado no es olvido. “Hay muertos que no hacen ruido, llorona, y es más grande su penar”. Repitió los tres enunciados como si tuviera un viejo karma qué pagar e instantáneamente le dijo a la mujer (de cuyo nombre no se acordaba, por más que lo intentó) “adiós”. Sólo entonces supo que todo lo que había hecho hasta la fecha no servía para nada.
Ni los atardeceres, ni la vida organizada, ni la política ni el discurso comunista, ni la misoginia ni el despotismo, ni las otras pieles ni las otras luces, ni el canto de las aves ni las noches insalvables, ni la música alegre, ni los amigos, nada de eso servía. Era dieciséis de agosto, “fecha para recordar”, se dijo. Así fue que regresó a ser el que había sido, a extrañarla a Ella que, seguramente, estaba mejor que con él.
Creyó todo eso durante esos ocho años, pero creer es no saber. Los fantasmas corren rápido. Pasado no es olvido. Tiró dos que tres lágrimas en ese día, vivió para el recuerdo y nada más importó. Regresó a la música triste, a la nostalgia –que había revivido con todo y sus dos tiros de gracia, abrió el cuaderno negro, salió a buscar un lapicero de tinta blanca para escribir, simple, tranquila, sencillamente. Te Recuerdo. Así fue.
miércoles, diciembre 05, 2007
Carta a los Reyes Magos.
Es muy probable que les extrañen estas letras escritas casi a la carrera, sin mucho orden ni coherencia, pero –sobre todo esto- es posible que les sorprenda que a estas alturas del partido les dirija siquiera un texto breve, brevísimo; máxime si es por todos conocido que las monarquías fenecieron casi todas y las que sobreviven son patéticamente representadas por ancianos estúpidos que todavía piensan que con un “¿por qué no te callas?” silenciarán la voz de un pueblo.
Bueno, bueno… pero me estoy saliendo del tema. Les decía: no puse el tan llevado y traído “Queridos Reyes Magos” porque, a decir verdad, no puedo querer algo que no conozco (y jamasmente los vi) lo de Reyes, bueno, para qué les cuento de mis problemas con la autoridad; y eso de Magos, ni qué decir que para “magos” uno que conozco y que ni así pudo hacer que alguna cambiara de parecer.
Así y todo, les escribo porque “pa qué es más que la verdá” diría mi abuela, sólo ustedes podrían hacer algo semejante (y vaya que entonces sí recuperarían su credibilidad, al menos conmigo) Miren ustedes, en mi descargo puedo decir que he sido honesto (al menos conmigo), que no he hecho fraudes electorales (como algún chaparrito, pelón de lentes que conozco) y tampoco le entro al Prozac, que no tengo hijos transas, que no le hago a la pederastia y, menos que menos, me junto con gentuza que le hace al “wannabe”
Así las cosas, creo que tengo derecho a hacer mi pliego petitorio que, sin ser de “botellitas de cognac” ni “presidencias espurias” ni “contratos millonarios” sí está medio cabrón. Miren ustedes:
Quiero que me traigan, si es posible, si les da su rechingada gana, si les sobra y no les falta, una mujer (¿otra? podrían ustedes preguntar), me refiero a una mujer que sea de a “devis” mujer. .Soltera, sin hijos ni divorcios ni pasados tortuosos que la hagan llorar si escucha una canción; una mujer de más de unocincuenta y menos de unochenta; una mujer que no sepa todo ni que pretenda hacerse la que sabe todo, pero que sepa de lo que habla, que lo fundamente en vida, libros y lo cuente como anécdota. Una mujer que escuche, que hable, que no sólo se vea “bonita” y que no piense que “calladita se ve más bonita”, que no piense que la Felicidad está en otra persona, que sea feliz porque le guste lo que hace, que se apasione por lo que hace; una mujer que quiera aprender, pero que también me quiera enseñar. Una mujer que sea tierna sin ser cursi, fuerte sin ser dura, firme sin ser prepotente. Una mujer que no sea interesada (¡aaah! ¿verdad que no es tan fácil?) y que disfrute de un café, de un simple atardecer, de un regalo inocuo y una mirada a mediodía; una que sea femenina sin ser feminista, que sea sensual y sexy y, si se puede, que le guste leer y hablar de política. Pero –y esto es lo más complicado- una mujer que sea sincera, honesta, directa, sin ambigüedades, sin medias verdades, sin matices. Simple, de mirada profunda y carcajada como cascada.
Yo sé, yo sé… está más que cabrón, poco probable, casi imposible. Pero ¿qué no se supone que ustedes son los meros meros magazos de magazos? Así y todo, tengo mis reservas para con sus prodigios y no me preocupo ni me ocupo de buscarla y –mucho menos- esperarla. Así que tal vez –y sólo tal vez- este sea un texto que sirva como catarsis y le levante una sonrisa a mi adorada niña Janet, para que sepa que mi carta ya fue escrita, que la petición está hecha y que, si no llegara, tampoco es algo para tirarse de un primer piso del Vips.
Vale pues. Salud y un zapatito para la carta junto al árbol que -sería buena idea- ir poniendo… por si las moscas.
Ulises, recordando aquello de “bienaventurado el que nada espera, porque nunca será defraudado.”
miércoles, octubre 31, 2007
Insomnio
Juro que era más guapa que cualquiera…”
(Joaquín Sabina, “Más Guapa que Cualquiera”)
Para la "miss de Kinder " más bonita que se haya visto
Siempre supo que ella sería una buena idea. Desde aquel semáforo en rojo que fue el trabajo, donde la encontró, tuvo la certeza de que la búsqueda había terminado. Al fin algo parecido a una sonrisa se dibujaba en las tardes de café y ensayo político –que tenía más de político que de ensayo. Por fin el motivo exacto para suspirar sin tener que acudir al pretexto fisiológico del “no es suspiro, es tomar aire”, cobraba sentido. La mirada encendida, los poros gritando “es el tiempo”, abrieron compuertas, descompusieron olvidos, exiliaron amarguras; todo se conjugó para que aquella mañana tuviera el valor para ir y plantársele de frente a decir: “hola qué tal…”
Y así, con un encuentro “casual”, cruzaron miradas en la cafetería de la escuela. Ambos sonrieron: ella y la sonrisa trident, él y su mascarada de dientes chuecos. Tomó valor de quién sabe dónde y le recitó aquello de: “soy perfectamente capaz de soportar…”, ella sonrió. “También he visto la película” le dijo. El diálogo fue largo –mucho más que este escrito- y después, ya se sabe, los detalles que a él ya no le gustaban, las pequeñas e insignificantes cosas que ya él no hacía: una barra “bran-frut” por la mañana para ella; la visita de ella al cubículo de él; las miradas maliciosas y traviesas de los de intendencia porque “cada vez llega más temprano profe” y “ay miss, ese profe es muy enojón” y las sonrisas cómplices de los amaneceres en que se iban conociendo.
Luego, para seguir el libreto de las relaciones al pie de la letra, la invitación como al descuido: “¿vamos al cine?”, a continuación la cena, si no es mucho pedir. Y la semana siguiente, y la otra y la otra, y otra más. Teatro y “los monólogos de la vagina”, fines de semana en el café y el antro (“con lo que me gustan los antros”, decía él); y también el gimnasio –donde ella era instructora de spinning; el hábito de fumar arrojado al bote de la basura; la mirada de ella, su cabello negro –“largo como madrugada, oscuro como mi pre-vida”- le escribió él.
La Primera Noche. Descubrir el cuerpo sin premisas y con pesquisas, con versos y besos, a la vista del tacto, al tacto de la vista. La semioscuridad y ellos dos, nadie más. Los pasados sin futuro; el presente en un torrente de buenos presagios. La sonrisa de ambos y los besos en voz baja antes de dormir.
Finalmente el despertador, que anuncia las cinco y media, hora del baño. Ella no está, nunca ha estado, tal vez nunca estará. Todo fue un sueño. Pero "qué hubiera pasado, qué hubiera pasado…" se queda pensando él. Luego, a la ducha. Y sonríe y rompe a carcajadas porque esta noche tuvo un sueño, uno de esos sueños de los que uno no quisiera despertar…
Vale pues. Salud y que “la vida sea sueño”, como dijo aquel.
Ulises, sonriendo al cuarto para las diez, con los ojos tapizados de “el sueño.”
viernes, octubre 19, 2007
Aquí me quedo.
viernes, octubre 12, 2007
Una carta para usted.
sólo que no he sabido expresar mi cariño,
soy extremadamente rígido en mis acciones
y creo que a veces no me entendieron..."
Dicen que estás muerto. Cuentan que te asesinaron a mansalva. Dicen que algunos lloraron y que otros definitivamente sonrieron satisfechos; pero que los más, estaban paralizados por el estupor. Dicen que te capturó la CIA y sus mandriles puñeteros del cono sur. Me dijeron que te convertiste en mito, que tu leyenda ha surcado el mundo entero, que la foto de Alberto, sí, Korda, a quien no le dieron ni un peso por la tal foto, le dio la vuelta al mundo y que tu imagen es la más reproducida en la historia de la humanidad, mucho más que la de un tal Jesús (amigo tuyo, también comunista).
Dicen tantas cosas... cuentan que los jóvenes del sesentayocho eran discípulos tuyos, que se inmolaron "a lo pendejoy ya ves, ¿para qué?" así dicen. Cuentan que te peleaste con Fidel y con Raúl, que te quedaste solo por decir siempre lo que pensabas, eso cuentan. Que Fidel te abandonó, que les dijiste a los rusos que su comunismo era pavada, que en la ONU tomaste el micrófono y les dijiste dos frescas a los gringos... eso dicen.
Cuentan que los jóvenes que naciste te siguen de maneras patéticas: alcoholizándose (¿autocrítica?), fumando mota, bailando como imbéciles "ska", siendo anarquistas, pintando graffittis y destruyendo todo, sin perspectiva... eso cuentan. También dicen que muchos escribieron biografías y adquirieron renombre con ellas, que Paco Ignacio, que O'Donell, que Kalfon y hasta el pendejo del "güero" Castañeda hicieron lo suyo. Dicen que el pobre diablo del Vargas Llosa hizo gala de su imbecilidad (¿qué se podía esperar de él?)y dijo que sólo habías sido un aventurero, eso dicen.
Dicen tantas cosas, cuentan tanto, bueno! te platico que hasta la gusanera de Miami, sí, esos renegados malagradecidos hicieron un "documental" (¡ja!) donde te ponían como mercenario y hasta terrorista. Cuentan tanto... y yo sigo preguntándome: ¿realmente estás muerto? Porque si lo estuvieras, porque si realmente tu convicción se hubiera sepultado contigo, ¿a qué tanto denuesto? ¿por qué tanto y tan acre esfuerzo por hablar de ti? ¿No será que muchos quisieran tener tu perseverancia y tu honestidad? ¿No será que muchos hombres -o que pretenden serlo- te admiran en silencio porque se venden, se emputecen por unos cuantos pesos? ¿No será que las mujeres quisieran un hombre la décima parte de íntegro que vos?
¿Y no será, finalmente, que a cuarenta años que te fuiste, resulta que tenías razón? ¿y que el hombre necesita una refundación? ¿no será que te extienden vituperios y maldiciones posfechadas porque sienten esa impotencia disfrazada de clasemediero, obrero wannabe burgués que les corroe las entrañas? Quién sabe.. yo nomás te cuento lo que me dicen, lo que alcanzo a pepenar en las pláticas de café.
Por si las dudas, Comandante, donde estés, te agradezco el ejemplo, te comento que me cuesta, pero que procuro la honestidad (aunque eso, vos sabés, sea a cambio de la "paz y la estabilidad" a la manera burguesa de verlo), que procuro la disciplina, que no me miento y no miento (más que en defensa propia). Por si las dudas, Comandante, aunque bien sé que lo sabes, te cuento lo que cuentan... lo que dicen, lo que hablan...
Hasta la Victoria Siempre
Ulises.