domingo, noviembre 22, 2009

Una raya más al tigre.

"... Yo no jugaba para no perder
tú hacías trampas para no ganar..."
Joaquín Sabina en "El rocanrol de los idiotas"

Algo les dijo, a ambos, que esa partida no iba a ser sencilla. Ella y él tenían sus ayeres en eso del juego. El póker era su afición. Claro, cada cuál por su lado, cada quien en su trozo de realidad. Pero, podría decirse, sabían nadar en eso del bluff, los pares, las tercias y la flor imperial. Así que no fue extraño que aquella noche, al sentarse a la misma mesa, después del saludo, ambos desenfundaran -cada cual- su mazo de cartas.

Ambos sonrieron: "entre tahúres no nos cantamos los ases" le dijo ella. Él asintió y pidieron una baraja "virgen", sin olvidar el comentario de él: "ah, pero queda alguna?" Ella suspiró, arqueando las cejas, pidiendo a "Diosa" un poco de paciencia, dos kilitos de tolerancia para no mandar a la chingada todo, ahí mismo.

Así que vino el barajar las cartas, repartirlas y brindar por el inicio de la noche, todo de un tirón. Ella -mientras el cigarro- amenazó con un par de reinas. Él, qué raro, levantó la ceja e hizo esa mueca que en cualquier otro podría parecer una sonrisa. De esa forma estuvieron profetizándose, poniéndose al alcance del otro sin dejarse alcanzar, jugando póker posfechado, cada dos noches cuarto menguante, encontrados sin buscarse al mediodía de cada quincena. Sin premisas ni promesas, con cientos de recuerdos y conscientes de olvidarlos todos.

"Tenés la mirada cansada" le soltó ella al inicio de la tercera partida, para distraerlo "es el cigarro, o el güisqui, o la cerveza, o la edad, o el tiempo o qué carajo voy a saber..." le respondió él sin dejar de ver las cartas, llenándose los pulmones de nicotina. "Quieres otro trago?" pregunto él con los ojos entornados, bostezando. Ella se limitó a mover la cabeza en clara negativa y sus ojos grandes, oscuros, escudriñaron el rostro ajado, siempre inexpresivo de él. Alguien había tenido la irresponsabilidad de presentarlos. Y ahí estaban. Aceptando el reto. Sin culpas ni disculpas.

Quién sabe cuánto tiempo habrán permanecido en esa mesa. Trago a trago, cigarrillo a cigarrillo, jugando al mismo juego, intercambiando frases sueltas, trozos de poesía, nostalgias completas, odios antiguos, sentimientos razonados que, como se sabe, son los más honestos tratados de soberbia. Y ahí seguían, sin darse por vencidos -ninguno-, descubriendo las debilidades del juego contrario -ambos-, sin saber más allá del nombre y lo que el otro -y la otra- dejaban saber.

Ella, la feminista, siempre concentrada en las cartas, en la apuesta siguiente, traía a cuestas su carga de dilemas, constructos y deconstrucciones, el arma siempre al alcance de la lengua para -si se ofrecía- cercenar el más mínimo atentado contra su dignidad feminista. Con el día a día protegiendo, asesorando, "empoderando" mujeres (aunque vaya usted a saber qué signifique empoderar), con la furia y la pasión adecuadas, justas, pero exacerbadas cuando es fundamental que el mundo sepa que las mujeres son eso: f-e-m-i-n-i-s-t-a-s !

Él, el tantas veces denominado "misógino", divagó por la partida (o partidas) por la noche (o las noches) esgrimiendo esa mueca que en cualquier otro -ya lo dijimos- pudiera ser una sonrisa, escuchando, analizando cada palabra a cuentagotas, haciendo sarcasmos de las contradicciones visibles, del martirologio femenino, feminítico, feministoide. Haciendo los chistes usuales ("Si la mujer fuera buena, Dios tendría una"; "quieren que las mujeres tengan más derechos? agranden las cocinas")... conociendo y comparando, aprendiendo y aprehendiendo, deletreando los argumentos (no fuera a terminar en un MP por 'maltrato psicológico' a una 'feminista').

Así, como quien no quiere la cosa, transcurrió el tiempo, la noche o las noches, el día o los días. Se terminaron los tragos y los cigarrillos. La música y los chistes. A esas alturas del partido -es decir- de la partida, ambos estaban prefigurando al otro, al contrario, al enemigo.

Se supieron, pero no se saborearon. Se masturbaron las neuronas al grado del orgasmo mental. Pero, como cualquiera sabe, amor no es literatura si no se escribe con piel. Y poco a poco el misógino empieza a ceder terreno, pensando que bueno, tal vez no todas sean iguales, quizá "ella sea diferente", que ya a su edad, tal vez sería "bueno" que... por qué no?. Y suspira.

Ella, por su parte, piensa -también- que quizá, bueno, por qué no?, quién sabe, probablemente no sea tan macho, ni tan misógino, ni tan ojete si, de todas formas, "un tipo que lee poesía, no puede ser tan malo". Y también suspira.

Ambos dejan las cartas sobre la mesa (bocabajo, por si las dudas). Entonces ocurre que ella y la sonrisa, se muerden los labios, él y la mueca (que en cualquier otro... ya lo dijimos), también. Se miran y vuelven a suspirarse para, después, lentamente, dar vuelta a las cartas del rival. Descubren, casi sin sorpresa, sí con una rabia color tristeza que ambos tienen póker de ases.

Se sonríen, cínica, sincera, absolutamente. Dicen salud por última vez, apuran el trago de un sólo sorbo. Por algún tipo de oscuro designio se escucha aquella canción: "de aquel amor, de música ligera..." Ambos saben que no volverán a verse ni a jugar. Ella a seguir empoderando, él a seguir analizando. Ha sido una raya más al tigre. Y nada más.

Vale pues. Salud y que las partidas sean de póker y de nada más.

Ulises, aprendiendo que la tercia siempre es mejor que los dos pares.


martes, noviembre 03, 2009

Crónica de Café.

La noche es la mitad de la vida y -definitivamente- la mejor mitad

Goethe

Hay quien dice que las grandes revoluciones, las mejores amistades y las más apasionadas historias de amor tienen algo en común: son casuales, imprevistas, insospechadas y absolutas. Quién sabe. Sólo sé que no lo planearon, simplemente lo decidieron. Esa tarde ella estaba aburrida de dormir veinticuatro horas interrumpidas por dos visitas al baño y una a la cocina. Él, desde su esquina del mundo, se puso a arreglar la política internacional, el fútbol y los misterios femeninos con su más cercano partenaire intelectual. Cada quien desde su atalaya, cada cual en su púlpito, cada uno en su llanura –o su páramo, vaya usté a saber.

Seguramente los dos bostezaron al mismo tiempo, parte por el frío de la tarde de cambio climático sensible, parte por tedio y alguno se atrevió a preguntar: “y si vamos por el café que nos debemos?” y el otro dijo simplemente, “va”. Dicen que así empiezan las revoluciones, las grandes amistades, las historias de amor inolvidables. Quién sabe. Vaya usté a saber

El caso es que se encontraron a deshoras de la tarde, con la lluvia latiendo por las aceras encharcadas y los parabrisas que no se olvidaban de llorar. Él oteó el ambiente del área de fumar (qué, ¿hay de otra?) y reconoció –casi sin pena ni duda- los ojos color verde mariguana de los que el Sabina habló alguna vez. Detrás de la neblina de tabaco, ella y la sonrisa plena, franca, sin dobles ni triples intenciones. El abrazo cálido, breve, sincero, determinó el rumbo de las cosas: dos que se re-encuentran después de mucho tiempo de ni siquiera conocerse,con la familiaridad de los sediciosos que han compartido un Golpe de Estado, una conspiración, un acto subversivo, y sobrevivieron para contarlo.

Así fue, y no de otra manera, que hilvanaron sus historias. A trompicones e interrupciones, a risas y sonrisas. La infalible carcajada cuando hablaron de temas tan simples como absurdos. La seriedad y el protocolo cuando los temas absurdos -pero no tan simples- hicieron su aparición. Cotejaron sus historias, y aunque ambos sabían que todos los finales son el mismo repetido, deslizaron sobre la mesa un acuerdo tácito: la esperanza de no decirlo.

Por su parte, el tiempo aunque no tuvo tiempo de hacer inventario de los cigarros, el café y las palabras, sí exigió el pago de su cuota de placer. Y fue el tiempo, ese perseverante miserable, el que seduo a la mesera medianoche para que les dijera, previo carraspeo y sonrisa fingida: "señores, ya vamos a cerrar".

Muchas cosas quedaron en el tintero, algunas más que las colillas que llenaron el cenicero. Salieron al frío de la noche, él, con una verdad recién aprendida, un aprendizaje verdadero; ella, jugando a vivir, viviendo como en juego; con los ojos verdes iluminando la noche, brincando entre charcos, evadiendo el protocolo.

Luego, ya sabe usté, la despedida, el lugar común del "ojalá que volvamos a vernos..." y la frase, combinada con el café, que produce insomnio: "Para ser feliz, no siempre necesitas tener la razón"... pero ésa es otra historia.


Vale pues. Salud, un café y un cigarro para continuar la conversa.

U.

jueves, junio 25, 2009

Bodas de Madera

"Que todas las noches sean Noches de Boda
Que todas las lunas, sean lunas de miel..."
(J.S. "Noches de Boda")
Para Ella. Por estos cinco años de Vida.
No es tarea sencilla escribir para describirte. Describirte para reconocerte. Re-conocerte para re-sentirte y re-tenerte. Pre-sentirte.
Describirte es admirarte por la independencia en tu día a día; valiente en el paso a paso; exitosa a pesar de tantos reveses, que cualquiera podría catalogar de fracasos. Admirarte por ese plantar cara ante la adversidad, rumiar el desespero y volver a luchar. Admirarte no sólo por tu mirada triste o feliz, no sólo por el cuerpo codicia, la cadera precipicio, las piernas malicia –herencia de Buenos Aires, Puebla o Madrid.
Describirte es confiarte que en vos confío. Sin necesidad de palabrería sórdida, elaborada; sin tener que idealizarte y ponerte en el altar de lo imposible. Así de sencillo, así de simple. Confiarte los más tristes recuerdos, sin temor a que los uses como armas. Confiarte los mayores deseos, con la confianza que no sean navajas, cuchillos, dagas. Confiarte no sólo por tu voz de niña, confiarte no sólo por la carita de no rompo un plato. Confiarte porque sé que aunque rompes toda la vajilla, también sos confiable, no sólo de a pocos, no sólo de a ratos.
Describirte es respetarte –y mira que me cuesta trabajo. Respetar tus preferencias religiosas, tus gustos musicales, tus manías, tus obsesiones, esas pequeñas cosas que a veces pienso no son preferencias sino una lista de malas decisiones. Respetarte el sueño cuando no duermes, respetarte las faltas de ortografía, respetarte el desorden que en ciernes, se conjuga con esa pueril alegría. Respetarte es aceptar que por mucho que lo intente, vos no vas a cambiar, tenés tatuada en la piel esa falta de planeación a ultranza, la herejía de hacer precocido el arroz y, por si fuera poco, cantas por toda la casa cuando todavía no despierta el sol. Describirte es respetarte, aunque sí, para qué negarte, respetarte es faltarme al respeto de una manera feroz.
Como verás, amor, no es fácil describirte, pero con qué valor y con qué cinismo podría no decirte que quiero desnudar la verdad y contarle a todo el mundo que el amor no es un concepto que caduca con los años. Que tampoco es lucha, merecimiento, dolor profundo, factura y reparación de daños. Cómo explicarle a la gente que amor no es firma sobre papel, lugares comunes, costumbres, o el tan llevado y traído “por siempre fiel”.
Esto que tenemos, y sábetelo bien, tampoco es la definición de amor: los desacuerdos que entreveramos a diario. Las deudas que nunca he pagado, nuestras ausencias intermitentes, las risas que compartimos con cheque posfechado, las planeaciones pendientes, el tanto y de tantas maneras que no ha caducado. Esto no es amor… pero cómo se le parece.
Esto que tenemos, mi niña, no es amor: la solidaridad llevada al exceso, ser tan mujer que vos sólo quieres besos, sin interés y sin intereses, sin hipótesis ni hipotecas, sin futuros ni garantías, sin doble moral, sin cursilería. Esto no es amor… pero cómo se le parece.
Esto que tenemos, la descripción, el respeto, la confianza, la admiración, la esperanza, te lo digo de una vez, no es amor. Por eso sé que tengo que cortejarte en el presente, en el hoy por hoy, consciente de que soy un inconsciente cuando me pierdo entre tus piernas abismo, cuando navego por la piel torrente y te vuelvo a decir “mi amor”. Aunque yo sé que esto, esto no es amor… pero cómo se le parece.
Felices Bodas de Madera.
Ulises

miércoles, junio 10, 2009

El poder. La prepotencia. La indolencia.

"... llorá, botija, pero no olvides."
Mario Benedetti.

Para Eduardo, por la conversación que, vaya cosas!, me dio la razón.

Yo lo vi, nadie me lo contó. Claro que me lo habían dicho. Claro que lo sabía por terceras y cuartas personas. Por referencias directas. Nunca lo había visto en todo su esplendor. Me dijeron que Díaz Ordaz, que las masacres, que el 10 de junio del 71, que el halconazo, que el "jueves de corpus". Todo eran historias. Sólo hasta hoy. Estaba -ya sabes- jugando al obrero siglo XXI, muy tranquilo, aporreando las teclas de la computadora cuando todo empezó.
Los pocos -o muchos- que presenciaron su llegada, comentaron casi como el reporte del clima o la enésima derrota del Tri que estaban pasando muchas patrullas, "muchas motocicletas". Yo seguí entretenido en la primera página del más reciente libro que ha caído en mis manos. Sirviéndome agua como al descuido y pensando en la cita impostergable con "Ella".
Así que me dije (y no "a mí mismo", eso no lo digo por respeto a mis muertos) que era tiempo de dejar el café y el cigarro e ir por algo de comer. Total, me despedí de todos (te acordarás) y salí de la oficina. Empecé a caminar cuando tres mujeres tomadas por el brazo me encontraron de frente. Me soltaron, de golpe, sin misterio: "no vayas para allá, está la policía".
Yo lo vi, nadie me lo contó. El terror en sus miradas, la palidez en el rostro. Las manos haciendo las veces de garras aferrándose al brazo de la de junto, como si eso les diera la tabla de salvación en ese simulacro de naufragio.
Tampoco te voy a contar que fui corriendo para salvar al mundo o para luchar junto a la clase obrera (qué va a ser un fulano con una mochila al hombro contra "más de cien efectivos policiales"). Pero sí te digo que seguí caminando, que me acordé de las garantías constitucionales y todo eso que se han pasado por el Arco del Triunfo los títeres del poder económico que "dicen que" gobiernan este país. Así que muy armado con mi argumento de la libertad de tránsito, seguí
Yo lo vi, nadie me lo contó. Más de diez, veinte, quién sabe cuántos, en camionetas, motocicletas, en automóviles sin sirena y sin matrícula. Con el rostro cubierto, con las armas desenfundadas, gritando "por allá! dale por allá, a la vuelta los agarramos!".
Yo lo vi, nadie me lo contó. La prepotencia. Esa impunidad vestida de azul. Con escudos antimotines. Sin el menor asomo de humildad. Regodeándose con el tolete (sin albur), amenazantes. Y todavía seguí caminando. Tampoco te digo que me hice el valiente. Porque la verdad, iba que me cagaba del miedo. Me acordé de tantas y tantas historias, de leyendas, mitos, quién sabe si realidades. Que si Heberto, que si los desaparecidos por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Sí. Me cae que sí. Pero tampoco era cosa de echarse para atrás en ese momento. Hubiera sido peor.
Yo lo vi, nadie me lo contó. Esa deshumanización. La desarticulación de la razón. La bestialidad de cinco, seis, siete, arremetiendo contra uno solo: a puños y patadas. Sin el menor rastro de compasión. No sé qué edad tendría él. No sé quién sería. Pero me cae de madres, Eduardo, ahorita que te lo cuento, me da rabia, pena, coraje, hasta ganas de llorar, haber sido tan comemierda. Y me quedé ahí, pasmado, hipnotizado, mirando, mirando. Como pendejo. Simplemente mirando.
Hasta que no sé por qué, si por puro pinche instinto de supervivencia, si por cobardía, me alejé pálido -yo también- con las piernas temblando -yo también- con la vista fija, la mandíbula rígida, buscando algo a qué asirme, a qué sujetarme. Yo lo vi, nadie me lo contó. Claro, era el resabio de lo que hicieron hoy en la sección 51 del SNTE, en contra de los maestros disidentes.
Yo lo vi, nadie me lo contó. Los que gobiernan -o dicen que gobiernan, enviaron a policías -hordas de ellos- a reprimir manifestantes. No es cierto, Eduardo, en este país no hay democracia, no hay garantías individuales, no hay derecho a manifestarse, nada de eso. Hay una dictadura.
No es cierto. Lo que te van a decir en la televisión (que nada han dicho a esta hora), en la radio (que tampoco han dicho nada, por cierto), y a lo mejor hasta en internet, está editado, maquillado, diluido. No es cierto, Eduardo, no hay un milímetro de libertad. Tú, yo, todos, somos parte de este patético rebaño.
Ellos son los que te piden que votes, con la mano extendida al frente, con la mano que empuña el garrote escondida. Se llaman PRI, se llaman PAN, PRD, tienen siglas y presupuesto. Ven morir a su gente de hambre y les vale madres.
Claro que podría echarte más líneas, más palabras, acerca de la brutalidad de los que "guardan el orden" en contra del mismo pueblo que los elige. Y también podría decirte muchas cosas más acerca de la deshumanización de quien, en su origen, es el pueblo, contra su misma clase, su misma raza, su misma "perrada". Pero ¿para qué? Quizá todo esto lo sepas de sobra y después de leer esto, me vuelvas a decir que "la lucha tiene que ser dentro del marco de las instituciones que nos gobiernan". Seguro es, te lo digo desde ya, que no creo poder sentarme a la misma mesa que los represores. Nunca.
Yo lo vi. Nadie me lo contó. Pero para qué te sigo contando algo que se ha hecho costumbre. Podría llenarte de epígrafes, de discursos, de poesía revolucionaria o canciones de protesta. Podría, pero ¿para qué? Si todo lo que ocurriría es que al final -ya ves, el más revolucionario se traga su coraje y sigue caminando, cagándose de miedo. Eso sí, lleno de dolor -pero de ese dolor hueco; de coraje -pero de ese coraje a lo pendejo que no se solidariza en la lucha de clases y que sigue la regla del sálvese el que pueda...
Sea pues. Que tengas linda tarde. Y que no se te ocurra disentir del poder. Podrías acabar -una de dos- golpeado por cinco, seis organgutanes o cagándote del miedo.
Ulises.

martes, abril 07, 2009

Aniversario.

Para los exiliados, porque algún día encuentren el camino de vuelta.
Aquella noche, se despidió de los pocos que habían sobrevivido. No eran más de dos, o tres. Todavía pensó, antes de beber el trago de autoexilio, si era conveniente realizar ese blanqueado de sueños a granel, vaciar el diccionario de todas las palabras que significaban rebeldía. Oteó el ambiente, por si acaso le seguían de cerca los recuerdos tortuosos, los sueños rotos, las pesadillas en high definition. Pero no, no había nadie. Sólo sus más cercanos, los más entrañables, los que quedaban después del sexenio más lúgubre.
La terminal a media luz, no era ni siquiera un sucedáneo de los aeropuertos donde solía acotar la soledad con la típica frase que dirigía a las azafatas de ocasión: "sabés volar?". Pero cada quién va tejiendo y destejiendo sus confrontaciones con la soledad y quién sabe cuántas veces se pueda derrotar a la nostalgia, convocar a la alegría. Quién sabe.
Lo cierto es que esta vez no estaba el horno para felicidades ni nostalgias, sólo para urgencias. Así que con la maleta cargada de inciertos, uniformado de dudas, con la mirada áspera, impaciente, subrepticia, deambulaba por los andenes, no fuera que sus perseguidores le hallaran las pisadas, o los pinches cuicos de siempre le fueran a delatar.
Total, que cuando el autobús tomó carretera no supo si sentirse agradecido o temeroso. Sintió que traicionaba a los que se quedaban. Pero asumió -por vez primera, quizá- que eso era necesario para sufragar las revoluciones personales, o -quizá. quién sabe- para curarse en salud.
Así fue que, hace un año y un día, desembarcó en su exilio, con un calor atorrante, como hoy, con diez kilos más de los que tiene hoy, con las ganas pequeñas de regresarse en ese mismo instante (quién iba a decir que la ganas no iban a desaparecer, todo lo contrario). Con un par de posibilidades y dos pesos, con la barba de tres días y los ojos del sueño. Desembarcó en su exilio.
Acaso no tenía la más remota idea de que allí, justamente en esa ranchería olvidada del mundo, donde ni Pedro Páramo se hubiera atrevido, en esa Comala hirviente, un año después, aprendería a aprender. Olvidaría lo otrora inolvidable y, podría sonreir, con la sonrisa chueca, a mandíbula batiente, porque sabía el camino de regreso a la libertad...

Vale pues. Salud y que los exilios siempre tengan algo qué enseñar

El U.

domingo, agosto 24, 2008

En un oxxo.

"Si siendo bueno, no logro ser diferente
seré malísima gente, de mi se van a acordar..."
Cacho Duvanced ("Cuando me muera")
Otra muerte pasa rápido
Serena, silenciosa, estúpida
(todas las muertes son estúpidas)

La mujer suspira, el borracho dice no más
La muerte los vigila.
La anciana no lo sabe, pero también está al acecho.
Muerte. No Vida. Fin. Ahí está.

Los pantanos se cimbran, el cielo es estrellado.
La noche es perfecta. Él sale a comprar una coca-cola
Una mujer grita enardecida el orgasmo.
La vida está a la vuelta de la esquina. La Muerte también

Los infieles, las groupies, los “yonkis”, las putas.
Todos están. La Muerte también.
Hay rocío de madrugada. Y muerte. También
Él entra al minisuper. La Muerte tras de él.

Pide su coca, va saliendo. La Muerte con él.
Y entra un tipo de menos uno sesenta
Con una "escuadra" en la mano.
Apunta directo a su frente
-"La Muerte"- piensa él.

Y sonríe. ¿qué tiene qué perder?
“Tira”, le grita, la mirada se clava en la mirada
La Muerte sonríe
La Muerte es esclava de las decisiones.

Todo es en un segundo.
Las groupies, las rubias, las casadas
Todas.
Las solteras, las pasadas, la presente.
Todas.
Golpe a golpe, como en “the fight club”
Todo está ahí

La mujer que gritaba su orgasmo.
El rocío de la madrugada
La mujer sin estrenar.
La nena sin graduar.

Todo es simple. Ve a La Muerte.
Le cierra el ojo.
Nada más
Dos horas después, el levantamiento del cadáver.

La vida sigue.
La mujer grita otro orgasmo
Las groupies buscan otro ídolo
Los gays buscan otro candidato
La vida sigue.


Ulises, a 23 de agosto, saliendo del oxxo, con el sobrio sabor de muerte.




sábado, agosto 23, 2008

A ti

“… si alguna vez fui sabio en amores
Lo aprendí de tus labios cantores…”
(J.M. Serrat “Lucía”)

“Para Pilar, por lo que fue, por lo que es, por lo que será”

Cómo empezar a escribirte, tan lejana y tan a mi lado. Cómo decirte todas las buenas cosas que me has inventado. Cómo escribirte sin tener el atento del suspiro. Ahora, a este exilio al que me he dedicado, cómo poder definir lo que hay de bueno por vos, si por doquiera te miro.


¡¿Quién hace apuestas por el caballo más flaco y desnutrido?! ¡¿Quién levanta al borracho de nadie en medio de la calle solitaria, aburrida?! ¿¡Quién podría hacer la magia de un moribundo retornar a la vida?! Vaya pues, siquiera, y en tiempos olímpicos, ¿quién podría decir que el traspatio de los gringo gana diez medallas de oro? Y mira que vos lo hiciste sin ambición y con expectativa.

Me acuerdo bien de ese día, no te creas que lo olvidé. Jamás olvido (para bien o para mal). Sé quiénes me estuvieron y quiénes me dejaron. A cada cual le tendrá su bien o su mal reservado, quién lo sabe y qué importa. Pero vos con esa facha de ama de casa que quiere probar algo más, con tus malas intenciones y tus buenas propuestas, ¿quién no se iba a enamorar de ti? Si desde aquella pasada mujer, enero dos mil - veintidós mayor que yo- ninguna me había despertado tanto la concupiscencia.

Todavía me acuerdo cuando te platicaba de “Ella” y su mala forma de vivir el amor y tú sonreías y decías que nada de eso era cierto. Y yo juraba y perjuraba que sí, que no lo había inventado. Me dijiste que la vida es aquí, ahora, justo en ese instante eterno que es el clímax. Sólo hasta mucho tiempo después lo descubrí en tu piel, en tu voz, en la mirada que, bendito Dios, en nada se parece a “Ella”. ¿Te acordás cuando nos reíamos de Ella y sus migajas de amor tiradas como al azar? Sólo hasta ti comprendí qué vos eras lo que buscaba.

¿Quién me lo iba a decir? Todas las apuestas en contra (incluyendo la mía), todas las tardes sin nubes, todas las mañanas sin sol, todas las noches sin luna, todas las casas vacías, todo tan nada, y , la vida entera para caer tan hondo, ¿a quién le iba a importar? Redimirme, sin siquiera para romper a carcajear.

Pero ¿quién me diría? Que después de tantos y tantos intentos tuyos, de tantos y tantos miedos míos, renegaciones mías, iras mías. De tanto y tanto buscarla -a la Ella- y buscarte (porque vos lo sos). De tanto confundirle el nombre (a la pobrecita) con el tuyo (tan rico), de tantas borracheras que terminaban en llanto con su nombre, y tu paciencia que se derrengaba en sabiduría, siguieras insistiendo en que sí, que “el amor no es posible, es seguro”? Quién me iba a decir que tú y sólo tú has sabido levantarme de mí, a pesar de mí; que has sabido creer en lo que nadie creyó, que has hecho esto que nadie hizo, quién, quién, ¿quién me lo iba a decir?

Tú que no cobras y sigues siendo libre, tú que no profesas y sigues siendo una profesional hablando de Dios; tú que no prometes, pero me cumples; tú que eres sencilla como la vida, compleja como tu contradicción; tú que sos la única que quiero, la que más deseo, la que necesito a la que le soy fiel, leal, por quien vivo y por quien miro pero tampoco a diario veo.

Tú, ¿quién te tenía tan presa? Tú que juegas ajedrez, que practicas el sarcasmo, tú que no he publicado, quien todos me dicen que no es, pero sho sé que es, que escucha conmigo a Sabina, que baila, que ironiza y adivina. Tú, que me esperas y te ríes de las que no son vos. ¿Quién si no vos? Cómo no decir que TE AMO? A ti, este escrito, a ti, por lo que me reste. A ti. Para vos. A quien amo, Mi Mujer.

Vale pues. Salud y que la vida sea El Amor. La Felicidad. Así, sin problemas, con diálogo, sin orgullos, con miradas, sin dobles intenciones.

Ulises, que ya se lo debía a “Ella”, a la de la paella y el flan napolitano”, a “La vida” que endulzó la vida.



sábado, agosto 16, 2008

Aniversario


“..porque el amor cuando no muere mata
Porque amores que matan NUNCA mueren…”


Creyó que se le había terminado la inspiración. Como si fuera cierto que la inspiración se contiene en una botella, se bebió todas hasta la última gota; y cuando al final no quedaba nada, con lo poco que tenía de sobriedad, cerró el cuaderno negro, tiró el bolígrafo de tinta blanca y se dijo: “ni una vez más”

Creyó que eso sería todo: se afeitó las ganas de salir a buscarla, le dio dos tiros de gracia a la nostalgia (no fuera que reviviera cualquier día) y tiró a la basura los cachitos de las fotografías dedicadas que rompió. Borró cada archivo y cada canción que le inyectara un poco de pasado. Así fue.

Creyó que mudarse de ciudad, respirar nuevos aires, oler otros perfumes, amanecer en otra cama que no fuera la que le suspiraba, iba a ser suficiente. En el colmo del cinismo, vio otros atardeceres, suspiró por otros besos y, en pocas palabras, se reinventó. Así fue.

Creyó que dedicar mañanas y tardes, noches y madrugadas a sus nuevos propósitos, cantar canciones alegres y no nombrarla era suficiente. Se enamoró y desenamoró de quince mujeres más. Alguna vez, pasando por la ciudad de sus tragedias, sonó, como por casualidad, aquella canción que era un tácito acuerdo de no olvidarse. Apagó, de un sólo golpe el estéreo y se puso a tararear el himno a la alegría. Así fue.

Creyó que besar otros labios, abrazar otros ideales, sentir otras manos era suficiente. Bebió café en otros mundos, se perdió en noches insalvables donde se hablaba de todo y de nada, mientras él defendía la soltería como el más grande mérito de un hombre. En su nueva vida, organizada hasta la saciedad, todo era un minuto a minuto, desde el desayuno hasta dormirse a la misma hora. En esa monotonía se sentía feliz, tranquilo, pacíficamente a salvo, como si hubiera regresado del naufragio más grande de la vida, como si ahora todo tuviera que ser pasivamente hermoso, sin sobresaltos, sin pasiones, sin emociones, con rutina que sabía a tranquilidad. Así fue.

Creyó que escondiéndose entre libros y política, entre economía y programación, entre la misoginia y el debate, iba a poder huir de su pasado, tortuosamente maravilloso, malditamente hermoso, si hay que decirlo

Pero los fantasmas corren rápido y pasado no es olvido. Así lo sorprendió el canto de las aves la mañana del dieciséis de agosto. Con la resaca en todas partes pasó saliva pesadamente. A ojos cerrados tentó el buró para encontrar la cajetilla y encendió el primero del día mientras localizaba el control remoto del estéreo que le dio el “buenos días” con Sabina y su voz rasposa del “no, no puedo enamorarme de ti”. Al voltear vio a la mujer de la noche anterior, durmiendo tranquila, sin querer despertar y acurrucándose a su lado. Se levantó sin hacer ruido cuando ya Serrat le taladraba las encías con “aquellas pequeñas cosas” y entonces abrió los ojos. Se miró al espejo. Diez kilos más, encontró la tercera cana que, esta vez, le metió un gancho al hígado. Descubrió nuevas arrugas, la barba crecida, la mirada más triste que nunca y sólo entonces atinó a preguntar: “¡¿qué chingados me pasa?!”

Los fantasmas corren rápido. Pasado no es olvido. “Hay muertos que no hacen ruido, llorona, y es más grande su penar”. Repitió los tres enunciados como si tuviera un viejo karma qué pagar e instantáneamente le dijo a la mujer (de cuyo nombre no se acordaba, por más que lo intentó) “adiós”. Sólo entonces supo que todo lo que había hecho hasta la fecha no servía para nada.

Ni los atardeceres, ni la vida organizada, ni la política ni el discurso comunista, ni la misoginia ni el despotismo, ni las otras pieles ni las otras luces, ni el canto de las aves ni las noches insalvables, ni la música alegre, ni los amigos, nada de eso servía. Era dieciséis de agosto, “fecha para recordar”, se dijo. Así fue que regresó a ser el que había sido, a extrañarla a Ella que, seguramente, estaba mejor que con él.

Creyó todo eso durante esos ocho años, pero creer es no saber. Los fantasmas corren rápido. Pasado no es olvido. Tiró dos que tres lágrimas en ese día, vivió para el recuerdo y nada más importó. Regresó a la música triste, a la nostalgia –que había revivido con todo y sus dos tiros de gracia, abrió el cuaderno negro, salió a buscar un lapicero de tinta blanca para escribir, simple, tranquila, sencillamente. Te Recuerdo. Así fue.

miércoles, diciembre 05, 2007

Carta a los Reyes Magos.

Para Janet, porque te la debía… perdón por la tardanza

Apreciables Señores:

Es muy probable que les extrañen estas letras escritas casi a la carrera, sin mucho orden ni coherencia, pero –sobre todo esto- es posible que les sorprenda que a estas alturas del partido les dirija siquiera un texto breve, brevísimo; máxime si es por todos conocido que las monarquías fenecieron casi todas y las que sobreviven son patéticamente representadas por ancianos estúpidos que todavía piensan que con un “¿por qué no te callas?” silenciarán la voz de un pueblo.
Bueno, bueno… pero me estoy saliendo del tema. Les decía: no puse el tan llevado y traído “Queridos Reyes Magos” porque, a decir verdad, no puedo querer algo que no conozco (y jamasmente los vi) lo de Reyes, bueno, para qué les cuento de mis problemas con la autoridad; y eso de Magos, ni qué decir que para “magos” uno que conozco y que ni así pudo hacer que alguna cambiara de parecer.
Así y todo, les escribo porque “pa qué es más que la verdá” diría mi abuela, sólo ustedes podrían hacer algo semejante (y vaya que entonces sí recuperarían su credibilidad, al menos conmigo) Miren ustedes, en mi descargo puedo decir que he sido honesto (al menos conmigo), que no he hecho fraudes electorales (como algún chaparrito, pelón de lentes que conozco) y tampoco le entro al Prozac, que no tengo hijos transas, que no le hago a la pederastia y, menos que menos, me junto con gentuza que le hace al “wannabe”
Así las cosas, creo que tengo derecho a hacer mi pliego petitorio que, sin ser de “botellitas de cognac” ni “presidencias espurias” ni “contratos millonarios” sí está medio cabrón. Miren ustedes:
Quiero que me traigan, si es posible, si les da su rechingada gana, si les sobra y no les falta, una mujer (¿otra? podrían ustedes preguntar), me refiero a una mujer que sea de a “devis” mujer. .Soltera, sin hijos ni divorcios ni pasados tortuosos que la hagan llorar si escucha una canción; una mujer de más de unocincuenta y menos de unochenta; una mujer que no sepa todo ni que pretenda hacerse la que sabe todo, pero que sepa de lo que habla, que lo fundamente en vida, libros y lo cuente como anécdota. Una mujer que escuche, que hable, que no sólo se vea “bonita” y que no piense que “calladita se ve más bonita”, que no piense que la Felicidad está en otra persona, que sea feliz porque le guste lo que hace, que se apasione por lo que hace; una mujer que quiera aprender, pero que también me quiera enseñar. Una mujer que sea tierna sin ser cursi, fuerte sin ser dura, firme sin ser prepotente. Una mujer que no sea interesada (¡aaah! ¿verdad que no es tan fácil?) y que disfrute de un café, de un simple atardecer, de un regalo inocuo y una mirada a mediodía; una que sea femenina sin ser feminista, que sea sensual y sexy y, si se puede, que le guste leer y hablar de política. Pero –y esto es lo más complicado- una mujer que sea sincera, honesta, directa, sin ambigüedades, sin medias verdades, sin matices. Simple, de mirada profunda y carcajada como cascada.
Yo sé, yo sé… está más que cabrón, poco probable, casi imposible. Pero ¿qué no se supone que ustedes son los meros meros magazos de magazos? Así y todo, tengo mis reservas para con sus prodigios y no me preocupo ni me ocupo de buscarla y –mucho menos- esperarla. Así que tal vez –y sólo tal vez- este sea un texto que sirva como catarsis y le levante una sonrisa a mi adorada niña Janet, para que sepa que mi carta ya fue escrita, que la petición está hecha y que, si no llegara, tampoco es algo para tirarse de un primer piso del Vips.
Vale pues. Salud y un zapatito para la carta junto al árbol que -sería buena idea- ir poniendo… por si las moscas.
Ulises, recordando aquello de “bienaventurado el que nada espera, porque nunca será defraudado.”

miércoles, octubre 31, 2007

Insomnio

“y aunque sé que no era la más guapa del mundo
Juro que era más guapa que cualquiera…”
(Joaquín Sabina, “Más Guapa que Cualquiera”)

Para la "miss de Kinder " más bonita que se haya visto

Siempre supo que ella sería una buena idea. Desde aquel semáforo en rojo que fue el trabajo, donde la encontró, tuvo la certeza de que la búsqueda había terminado. Al fin algo parecido a una sonrisa se dibujaba en las tardes de café y ensayo político –que tenía más de político que de ensayo. Por fin el motivo exacto para suspirar sin tener que acudir al pretexto fisiológico del “no es suspiro, es tomar aire”, cobraba sentido. La mirada encendida, los poros gritando “es el tiempo”, abrieron compuertas, descompusieron olvidos, exiliaron amarguras; todo se conjugó para que aquella mañana tuviera el valor para ir y plantársele de frente a decir: “hola qué tal…”

Y así, con un encuentro “casual”, cruzaron miradas en la cafetería de la escuela. Ambos sonrieron: ella y la sonrisa trident, él y su mascarada de dientes chuecos. Tomó valor de quién sabe dónde y le recitó aquello de: “soy perfectamente capaz de soportar…”, ella sonrió. “También he visto la película” le dijo. El diálogo fue largo –mucho más que este escrito- y después, ya se sabe, los detalles que a él ya no le gustaban, las pequeñas e insignificantes cosas que ya él no hacía: una barra “bran-frut” por la mañana para ella; la visita de ella al cubículo de él; las miradas maliciosas y traviesas de los de intendencia porque “cada vez llega más temprano profe” y “ay miss, ese profe es muy enojón” y las sonrisas cómplices de los amaneceres en que se iban conociendo.

Luego, para seguir el libreto de las relaciones al pie de la letra, la invitación como al descuido: “¿vamos al cine?”, a continuación la cena, si no es mucho pedir. Y la semana siguiente, y la otra y la otra, y otra más. Teatro y “los monólogos de la vagina”, fines de semana en el café y el antro (“con lo que me gustan los antros”, decía él); y también el gimnasio –donde ella era instructora de spinning; el hábito de fumar arrojado al bote de la basura; la mirada de ella, su cabello negro –“largo como madrugada, oscuro como mi pre-vida”- le escribió él.

La Primera Noche. Descubrir el cuerpo sin premisas y con pesquisas, con versos y besos, a la vista del tacto, al tacto de la vista. La semioscuridad y ellos dos, nadie más. Los pasados sin futuro; el presente en un torrente de buenos presagios. La sonrisa de ambos y los besos en voz baja antes de dormir.

Finalmente el despertador, que anuncia las cinco y media, hora del baño. Ella no está, nunca ha estado, tal vez nunca estará. Todo fue un sueño. Pero "qué hubiera pasado, qué hubiera pasado…" se queda pensando él. Luego, a la ducha. Y sonríe y rompe a carcajadas porque esta noche tuvo un sueño, uno de esos sueños de los que uno no quisiera despertar…

Vale pues. Salud y que “la vida sea sueño”, como dijo aquel.

Ulises, sonriendo al cuarto para las diez, con los ojos tapizados de “el sueño.”

viernes, octubre 19, 2007

Aquí me quedo.

"... contigo el mundo no tiene final..."
("Algo Más", La Quinta Estación)

Para Alberto, Cynthia... para todos los matrimonios felices.
"Aquí me quedo." Así lo dije y te lo sostengo. Ahora que hay tantas apuestas contra esto que es tan nuestro. Ahora que ni una esperanza, que muchos teatros y muchos perdones y algunas venganzas, puedo decirte: "aquí me quedo" Y esa frase le puede reventar a más de dos, a muchos pájaros de mal agüero, pero ¿qué saben ellos?
¿Saben de tu paciencia inveterada? ¿o de tus caricias con lagunas de miradas?, ¿de tus labios sobre la vida, del acecho de la razón a través de mis contradicciones? ¿Qué saben? Hoy. Aquí. Sólo quiero decirte que aquí me quedo. Cuántas veces te busqué en otros nombres, en todo el mosaico de colores de los ojos. En quién sabe cuántas veces. Y todo para saber que ahí estabas, tan linda como una mañana, como una moneda de oro, una canción recién cantada, ahí estabas, aquí estás.
Y yo, que buscaba a alguien radicalmente diferente a vos, yo que juraba nunca cometer el sano delito del "por siempre, amor"; ya me ves: aquí y necesito decirte esto. "Aquí me quedo" porque son tan simples tus cualidades, porque tienes la comprensión, porque posees la humildad, porque ríes con mis malos chistes, porque me adjudicas crímenes perfectos de estadía y locura. Porque, como ya te digo, sólo sos vos la fuente de ternura.
Ahora sonrío por el antes... Ay Dios! "el antes" ya ha sido y me sirve para saberte tan mía, tan linda, tan propia, tan universal, que no sé a quién agradecerle: al Destino, a tus amores previos, a Dios. Tantas veces nos desencontramos del amor, quién creyera que íbamos a creer, quién iba a suponer que no nos íbamos a hacer malas pasadas, dime, mi niña-esposa, ¿quién iba a creer que íbamos a ganar todo en una jugada?
Así que "aquí me quedo" Ahora... a construir el día a día, con mis desórdenes, con tus manías; con tus enojos y mis alegrías. Ahora, mi niña-esposa, a luchar al dos por dos, por esta maravillosa cosa que llaman simplemente AMOR.
Vale pues. Salud y "que todas las noches sean noches de boda, que todas las lunas sean lunas de miel"
Ulises, tomando agua mineral, porque el alcohol de las bodas hace daño.

viernes, octubre 12, 2007

Una carta para usted.

"...Los he querido mucho,
sólo que no he sabido expresar mi cariño,
soy extremadamente rígido en mis acciones
y creo que a veces no me entendieron..."

Carta del Dr. Ernesto Guevara a sus padres.

Para Susana, Miguel y Cristian.

Dicen que estás muerto. Cuentan que te asesinaron a mansalva. Dicen que algunos lloraron y que otros definitivamente sonrieron satisfechos; pero que los más, estaban paralizados por el estupor. Dicen que te capturó la CIA y sus mandriles puñeteros del cono sur. Me dijeron que te convertiste en mito, que tu leyenda ha surcado el mundo entero, que la foto de Alberto, sí, Korda, a quien no le dieron ni un peso por la tal foto, le dio la vuelta al mundo y que tu imagen es la más reproducida en la historia de la humanidad, mucho más que la de un tal Jesús (amigo tuyo, también comunista).

Dicen tantas cosas... cuentan que los jóvenes del sesentayocho eran discípulos tuyos, que se inmolaron "a lo pendejoy ya ves, ¿para qué?" así dicen. Cuentan que te peleaste con Fidel y con Raúl, que te quedaste solo por decir siempre lo que pensabas, eso cuentan. Que Fidel te abandonó, que les dijiste a los rusos que su comunismo era pavada, que en la ONU tomaste el micrófono y les dijiste dos frescas a los gringos... eso dicen.

Cuentan que los jóvenes que naciste te siguen de maneras patéticas: alcoholizándose (¿autocrítica?), fumando mota, bailando como imbéciles "ska", siendo anarquistas, pintando graffittis y destruyendo todo, sin perspectiva... eso cuentan. También dicen que muchos escribieron biografías y adquirieron renombre con ellas, que Paco Ignacio, que O'Donell, que Kalfon y hasta el pendejo del "güero" Castañeda hicieron lo suyo. Dicen que el pobre diablo del Vargas Llosa hizo gala de su imbecilidad (¿qué se podía esperar de él?)y dijo que sólo habías sido un aventurero, eso dicen.

Dicen tantas cosas, cuentan tanto, bueno! te platico que hasta la gusanera de Miami, sí, esos renegados malagradecidos hicieron un "documental" (¡ja!) donde te ponían como mercenario y hasta terrorista. Cuentan tanto... y yo sigo preguntándome: ¿realmente estás muerto? Porque si lo estuvieras, porque si realmente tu convicción se hubiera sepultado contigo, ¿a qué tanto denuesto? ¿por qué tanto y tan acre esfuerzo por hablar de ti? ¿No será que muchos quisieran tener tu perseverancia y tu honestidad? ¿No será que muchos hombres -o que pretenden serlo- te admiran en silencio porque se venden, se emputecen por unos cuantos pesos? ¿No será que las mujeres quisieran un hombre la décima parte de íntegro que vos?

¿Y no será, finalmente, que a cuarenta años que te fuiste, resulta que tenías razón? ¿y que el hombre necesita una refundación? ¿no será que te extienden vituperios y maldiciones posfechadas porque sienten esa impotencia disfrazada de clasemediero, obrero wannabe burgués que les corroe las entrañas? Quién sabe.. yo nomás te cuento lo que me dicen, lo que alcanzo a pepenar en las pláticas de café.

Por si las dudas, Comandante, donde estés, te agradezco el ejemplo, te comento que me cuesta, pero que procuro la honestidad (aunque eso, vos sabés, sea a cambio de la "paz y la estabilidad" a la manera burguesa de verlo), que procuro la disciplina, que no me miento y no miento (más que en defensa propia). Por si las dudas, Comandante, aunque bien sé que lo sabes, te cuento lo que cuentan... lo que dicen, lo que hablan...

Hasta la Victoria Siempre

Ulises.


miércoles, septiembre 26, 2007

Fecha de Caducidad.

"¡Hay comida!, mi plato favorito, gritó para joder..."


Él los acompañaba en sus compras. Casi siempre la adquisición era la misma: una güerita unosesentaycinco, mirada clara, poses de diva, boca almibarada, perfume caro. Él sonreía. Pensaba "cuánto les durará el gusto" y apostaba consigo: una semana, dos, tal vez un mes... no más. Y así era. Podía verse en el producto la fecha de caducidad o el tan sabido: "Mejor consúmase antes de..." y volvía a sonreír.

Ellos le increpaban: "¿por qué nunca compras nada?", "¿por qué no te gusta la mercancía envasada?" Él miraba por la ventanilla del auto, abarcaba la noche y respondía: "no me atraen las mujeres con fecha de caducidad" Así pasaron bastantes lunas.

Hasta el día que ganó la lotería sin comprar boleto. Harto de sentarse a esperar "el amor de la vida" decidió entrar a la primera "tienda" que tuvo a tiro. Y compró uno de esos productos comunes: uno sesenta, mirada clara, voz de niña, nariz perfilada, cuerpo soberbia... en fin! todas las características de una mujer tan fuera de serie que parecía común.

Y la llevó a casa cada cuatro por siete, venticuatro por cuatro, foto por foto, rencilla por rencilla. Y le hizo el desayuno, preparó la cama, se vistió de gala, limpió telarañas de pasado, todo un espectáculo para entregar su mejor regalo...

Para qué alargar la historia con jirones de azúcar: que si la cena y las velas, que si las muchas horas de conversa, o las mañanas en que ella le hacía el nudo de corbata, las noches de sonrisas y ojos como faros. ¿¡Para qué!? De cualquier forma, las historias siempre -o casi siempre- terminan igual... así que, al despertar de cualquier mañana de veintialgo de septiembre, al acariciar la espalda, descubrió el tatuaje siniestro: "Fecha de Caducidad..." encendió un cigarrillo y, mientras ella despertaba, con la cruda y el amor, él la guardó lentamente en su envase, junto con todo lo demás que había qué tirar. El camión de la basura estaba por pasar.

Vale pues. Salud y que sus "productos" no expiren antes que el amor.

El U, amaneciendo después de otra No-Ella, tan plástica como artificial. (¿ardilla yo?)

martes, mayo 15, 2007

Al maestro, con cariño...

Para mi padre, con cariño.

"Maistrito de Pueblo"

Que ya te dije que no

Y tus caprichos no acepto,
Aunque me dejes de hablar,
Aunque te sientas molesto,
Aunque me cuelgues la cara,
Y aunque me hagas sentimientos,
No he de darte permiso...
Antes te saco cuero.

Tanto dinero he gastado,
Tanto celo, tanto empeño...
La primaria, la secundaria,
Prepa y curso propedéutico,
tanta hablada de tu parte
Con todos tus compañeros
Diciendo...que tu serias
Un profesionista bueno,
Que ibas pa’ licenciado,
O que si no serias... médico,
Contador, militar, cura,
Político o ingeniero.

Y hoy que estas como chiflado,
O loco te estas volviendo,
Me sales de babosote
Con la idea de ser maestro...
Tanto dinero gastado,
Tanto afán y tanto empeño,
Tantas felicitaciones
De amigos y compañeros...
Para que hoy... con gran cinismo
Tu me digas... ya no quiero
Llegar a ser burgués cursi
Sino preciado maestro.

¿Qué no te va a dar vergüenzade rebajarte tan feo?
¿Qué no vas a sonrojartede bajar a tal empleo?
¿maistrito?
¡Qué gran cosa!
¡Qué dignidad!
¡Qué talento!
¡Qué provenir!
¡Qué importancia!¡
Qué prestigio!
¡Qué abolengo!

Maistrito de escuela... un torpe que nada sabe de cierto,
Haragán, irresponsable,
Vago, pobre... un majadero.
Maistrito...solo un Don nadie,
Un vulgar vago del pueblo,
Que va a organizar plantones,
Marchas, huelgas y jaleos.
Un flojo que solo quiere
Ganar dinero y dinero
Sin importarle los niños,
Ni sentir el magisterio,
Que no venera la patria,hombre ruin politiquero,
pues para el solo es valioso
pasarla de mitotero.

Explíqueme... licenciado,
Dígame usted... ingeniero,
¿Qué va a enseñarle a los niños?
¿Cómo va a orientar al pueblo?
¿Cómo va a exponer su clase
a los niños de primero?
Si usted no sabe contar,
Ni jugar, ni estar contento,
Ni sabe del trato amable,
Y mucho menos contar un cuento,
Y solo sabe vestirse
Mas o menos...de cirquero.

Muy sabihondo el hombrecito,
¡qué ni quebrados ni enteros,decimales
ni nada sabe el Señor embustero!
Así que... ya dije que no!!
Y no me siga moliendo...
Qué normal ni que normal...
No quiero que seas maestro!!
Antes te llevo al ejido
Pa’ que seas jornalero,
Pa’ que el sol te de en el lomo,
Y te pongas fuerte y prieto.


Así me dijo mi padre,
Y yo que mucho lo quiero,
Bajé la frente y salí
Diciéndole... estoy de acuerdo,
Yo seré lo que usted diga,
En verdad... se lo prometo,
pero ya no esté enojado,
pues le hace daño... y me apeno.

Salí a la calle, vagué
Por las calles y los huertos,
Por el jardín, la placita,
Por la iglesia y el colegio...
Miré a los peones cansados,
Sudorosos, sin aliento,
Poniendo sobre un papel
Solo la huella del dedo,
Vi a las mujeres descalzas
Cargando leña del cerro,
Vi a los niños, muchos niños
Jugar en los basureros.


Recogí desesperado
A esa gente de mi pueblo,
A esas gentes sin fortuna
Sin redención, sin consuelo,
Los metí en mi corazón,
En mi entraña, en mi cerebro,
Les di patria en mi conciencia
Y me confundí con ellos.

Allí frente aquellos niños
Frente a esos enfermos,
Pensé que eran angelitos despreciados por el cielo.
Miré que no tenían alas,
Los mire casi sin cuerpo,
Ángeles sin un hogar,
Sin Dios y sin consuelo.
Y pensé...
si me aferrara a ser licenciado o médico
contador, conferencista,
sacerdote o ingeniero,
¿Cómo podría despertarla conciencia de mi pueblo?
¿Qué les favoreceríaque yo lograra alto empleo
si ni justicia, ni amor,ni palabras de consuelo
podría darles y ofrecerlespara calmar su tormento?
Entonces volví a mi hogar,
Todo lo tenia resuelto,
Llamé a mi padre y le dije:

Yo a usted mucho lo respeto...
Comprendo sus sacrificios,
Se de sus ansias y sus sueños,
Pero hoy... quiero que me escuche
Por favor, solo un... solo un momento:
Si quiere que sea feliz
Y desea que sirva al pueblo,
Si quiere que colabore
Para mejorar a México,
Si usted quiere que mi vida
la dedique a lo que quiero,
luchando por la igualdad,
por la ciencia y el progreso...

deje que yo tenga
la profesión con que sueño
deje que yo sea feliz
con mis niños sin colegio.
Deje que mi vocación
Se torne clase y recreo,
Que sea lección de cariño,
Que sea canto que sea verso,
Que pueda yo se lucero
Con la luz del alfabeto,
Que pueda ser manantial,
Que sacie la sed del pueblo.

Déjeme sufrir... luchar,
Déjeme vivir con ellos,
Para lograr educarlos,
Para construir un colegio,
Déjeme... que luche...
Deme permiso, le ruego,
Para sembrar esperanzas,
Para apuntalar anhelos,
Deje que forme una escuela,
Escuela a los cuatro vientos,
Escuela de libertades
Donde haya luz y contento.
Deme permiso papá...
Que sea un maistrito de pueblo.

Que marque programas justos,
Que trace caminos nuevos,
Deje que siembre la mies
Deje que se propicie el vuelo
De esa águila que parece
No tener alas ni aliento.

Deje que escuche mi vozEl militar, el gobierno,
El sacerdote, el artista,
El paria y el jornalero.
Si ya mi hermano es doctor,y el mayor ya es arquitecto
¿por qué no me permite ustedque yo me torne maestro;
si ellos en su ingratitud,
ya han formado un mundo nuevo,
de explotación, de egoísmo,de lujos y de dinero?

Si de usted se han olvidado,
Si ya no vienen al pueblo,
Y en su situación burguesa
Gratitud y amor han muerto
Si ellos saben que aquí, en casa
Hay pobreza y hay apremios,
¿Por qué ni por caridad,
Lo atienden cuando esta enfermo...?

Mi padre quedó pensando,
Silencio guardo un momento,
Luego... me abrazó y me dijo:
Si, muchacho... te comprendo
Vete a luchar, hijo mío.
Yo esperaré tu regreso,
Sabiendo que traerás cosas
Logradas con Fe y Empeño.
Cuando vuelvas, hijo mío
Vamos a estar muy contentos,
Y se llenara la casa,
Con tu amor y tus pequeños,

Si aquí no me encuentras ya,
Sé que tendrás el consuelo
De regresar a tu pueblo,
Yo se que vendrás a verme,
Y querrás con toda tu alma,
Enseñarme el alfabeto.

Mas si aquí no me encontraras,
Ve a buscarme al camposanto,
Y allí solitos los dos
Envueltos en el silencio,
Me dirás de tus afanes,
De tus luchas y proyectos,
De tus sencillas tareas
De tu honor y de tus éxitos.

No me traigas flores, hijo,
Yo se que no las merezco,
Ni cruz, ni ceras, ni nada,
Solo quiero tu recuerdo.

Anda, hijo mío... vete, vete ya,
México espera tu esfuerzo,
Te espera el hombre ignorante
Y los niños macilentos,
Yo aquí me quedo esperando
Con orgullo verdadero,
Porque se que cumplirás
Ser prestigiado maestro.

Anda hijo mío... vete ya,
Que si de momento muero,
Con orgullo gritaré:

MI HIJO....¡ES MAISTRITO DE PUEBLO!

Abraham Rivera Sánchez
Supervisor Jubilado del Estado de Morelos.

lunes, abril 02, 2007

Vivo

“está vivo… ¡vivo!”
Victor Frankenstein
Para vos, cuando lo leas, que tu viaje sea corto, que tu regreso sea largo.

La historia pudo ser la misma de siempre: Despertador cinco en punto, entreabrir un ojo, fruncir el ceño, bostezar y estirarse cuan largo es sobre la cama. Enumerar mentalmente los diecisiete pendientes, salir de la recámara casi arrastrado por la música a todo volumen del estéreo en la sala –ahora vivo solo- y caminar con los ojos cerrados, casi a tientas, porque el camino hacia el baño lo sabe de memoria.

La historia pudo no ser original o auténtica: Pararse frente al espejo con los ojos cerrados, para observar cómo es cuando duerme. Reírse por enésima vez de ese chiste estúpido y por fin, exiliar a la modorra. Abrir el grifo del agua. Sin mediar palabra, sin mediar negociación, empujarse a la regadera que, con toda la objetividad de las casi cinco y media que le escupe la primera andanada de agua helada, ésa que le hace abrir los ojos a todo lo que da y repetirse hasta el cansancio que “lo más difícil son los primeros cinco segundos, pensar que todo irá de mal a mejor.” Convencerse que también son difíciles los primeros cinco minutos, y los últimos cinco. Elegir el atuendo del día, decir con fingida sorpresa y sarcasmo: “¡pero qué casualidad! es el mismo de ayer” Desayunar y todo lo demás.

La historia pudo inscribirse a la monotonía, suscribirse a lo cotidiano, ¡bueno! circunscribirse a lo monocromático. Bostezar a las siete cuarenta y dos, decir el “buenos días, jóvenes” tan traído y tan llevado (al que alguna de sus mujeres le añadió aquello de “…bienvenidos al tren de la muerte…”) Transcurrir por el día con lo establecido por el libreto, hora tras hora, clase tras clase. A las nueve cincuenta o’clock, respirar profundo y tras un sorbo largo al agua, la “Bran-Frut” fresa le haría menos dulce que lo dulce la vida.

La historia, de verdad que pudo ser así, o quién sabe cómo. Hacer un amarre en la impaciencia, poner a trabajar el miércoles y la tolerancia y llegar las trece treinta y cinco, la guardia afuera del cole, con el sol divirtiéndose y partiendo por la mitad un cielo sin nubes, con la certeza del todavía faltan ocho horas. Resignarse o aceptar-quién sabe-, para estirar las piernas y esperar la hora donde las madres de familia llegarían. Establecerse, anidarse, refugiarse en su máquina-amor y decir por qué sí y por qué no.

La historia debió ser así: sin chiste, sin mayor caso que eso. Pero ahí viene El Destino y sus iniquidades que le salen tan bien. Salir al baño, mandato de Natura, porque es así, porque a quién se le ocurre, porque ¡carajo, qué mala idea! y entonces alguien así, a mansalva lo detiene: “tú eres tal?” y él, que hace mucho no le nace la sonrisa dice: “sí, por?” y Ella que dice: “porque me han contado de ti” y entonces él, con todo su pasado, con todos sus complejos solitarios, con todas sus canciones cantadas a tonouno le mira. Y es una mirada clara, y son los trescientos sesenta grados del perfume y el uno setenta y el cabello tan claro y la nariz tan perfilada, y la mirada tan joven –qué diferencia- y sus modos todos tan lindos y sus poses de gimnasio sin correr…

Pudo ser de otra forma, pudo -quién sabe- no ocurrir así. Pero decir cualquier cosa suena tonto. Más para su imagen de inalcanzable. Y entonces él pregunta: “sos nueva” y ella responde: “tú no eres argentino” y luego se olvida –él- de ir al baño y de su vejiga a punto de estallar- y le dice “que necesita acompañarla” y ella, que ya se transforma en Ella, camina dos pasos arriba del piso. Y él, tan incrédulo: “y te llamas…?” y Ella: ¿Qué adelantas sabiendo mi nombre…? Mientras sonríe y su sonrisa –la de Ella-borra todo su pasado –el de él. “Y conoces a San Joaquín” –le reta él. Y se arma un diálogo asíncrono, pausado, tierno, a escalas. Y para rematar Ella le susurra quedito, “mis novios dicen que tengo la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta…” y él sonríe y repone: “toma mi teléfono, cuando te canses de amores baratos de un rato, me llamas…”

Claro que pudo no existir, claro que pudo no pasar. Pero si ella –o Ella?- estuviera a su lado, si Ella con sus años menos le reconstruyera la vida, si Ella durmiera junto a él y se levantara con la mirada clara y el perfume intacto, él simplemente se sentiría vivo. Después de mucho resucitarse, estaría vivo. Vivo y feliz.

Vale pues. Salud y una mirada clara para los amaneceres largos.

viernes, marzo 16, 2007

Motivos Particulares

Para los marinos sin más rumbo que un veintiocho de octubre. Perdón por la tardanza.
La madrugada les sorprendió haciendo planes y misterios para el tan mentado día. Las cuatro cajetillas de cigarros se habían evaporado sin precipitaciones pero sin el menor resabio de dolor. En realidad quedaban pocas cosas por decir. Sin embargo permanecían en el café velando armas, mejor dicho, velando letras, y es que el dormir a las cuatro y media de la mañana para levantarse a las seis equivalía a perder el autobús y alterar el plan irremisiblemente.

La adrenalina, la ansiedad y los diferentes sueños acariciados con antelación les hacían beber largos sorbos de las tres tazas. Cada uno tenía sus motivos –secretos por no decir particulares- que les hacían anhelar ese día más que ningún otro del año. Más aún que la navidad o el cumpleaños, más que el resultado del examen, mucho más que el día de alta del hospital tras haber estado encerrado dos meses en él, así esperaban ese día.

Tres meses atrás habían comprado los pasaportes a –lo que ellos llamaban- La Felicidad. Imaginaron, planearon, hicieron proyectos, logística, tomaron en cuenta hasta los menores detalles e imponderables. Todo para ese día.

El mesero les trajo la cuenta, y sin mucha prisa saldaron la deuda. Salieron al buenos días pensando cada cuál en sus motivos particulares, secretos, silenciosos para estar el veintiocho del diez en La Catedral de los Sueños.

Uno de ellos aspiró la penúltima fumada mientras se arreglaba los lentes y tejía una sonrisa que fue casi sincera. Se pensaba despertando a un domingo pleno de sol, abrazando su no futuro con su no esposa a la que no había presentado a nadie que no fueran los dos mudos testigos de su atentado contra la moralidad, el deber y las buenas costumbres. ¿Qué diría su compromiso “oficial” si supiera que aquella noche iba a estar acompañado de alguna que teñía el otoño entre el cabello? ¿Qué dirían su padre, madre y hermana si tuvieran noción que ese cuerpo de guitarra le convertía las noches de fuga y los días de insalvable complot en un resquicio para vivir? Y es que él, el primero, fastidiado de la cotidianidad, (¿a su edad?), había encontrado a su no futuro en uno de esos almacenes de ropa y -después de las presentaciones de rigor- terminaron enmudecidos y cómplices de la noche, con los ojos satisfechos, brillando de tanto no amor en una no casa con un noséquépasará mañana, con un nopuedoenamorarme de vos. Así que, después de entrecerrar los ojos y bostezar larga y suavemente, volvió a sonreír para sí mismo.

El segundo suspiró y su suspiro fue inmediatamente atajado por el pensamiento de la piel suave, tersa, que casi nunca había acariciado con dolo, de la que extraña vez había hecho usufructo. Pensó en el “después de” que siempre es aterrador. Imaginó el silencio y el cansancio, las miradas y sus respectivos mensajes velados. Amenazó al cielo con un “por favor” en silencio y puso como pretexto que la madrugada estaba linda, que las estrellas brillaban más que nunca y se asumió cursi. Siguió recordando los ojos verdes, la mirada que Ella –su Ella- nunca desviaba de él; evocó las veces que hizo en la imaginación un retrato de “Ella” –su Ella- y cómo, de qué manera tan casual, por fin, ahora sí, la tendría todo el fin de semana para inventarle el amor. Se le ocurrían detalles a granel: los pétalos de rosa por toda la habitación, la música suave y la media luz, el tequiero y la mirada que serían el prólogo para ésa, la primera vez que él tuviera el valor y el coraje de ser él (porque aunque en su mente sonara redundante, lo cierto es que tenía que aceptar que él no sabía ser él antes de Ella –su Ella) Carraspeó un poco, enfundó las manos en los bolsillos, buceó por ellos; el tintineo de las llaves le recordó que no habían reservado hotel. “¿Y ya sabes dónde nos vamos a quedar?” le preguntó al tercero, que venía con la mirada fija en el piso, sumido en sus propios motivos –particulares, casi secretos.

“En realidad hay tantos hoteles que sería mejor pensar en dónde no nos vamos a quedar” respondió aquel, para después agregar: “con tal de que al peje no se le ocurra hacer plantón en cada hotel, la cosa está solucionada.” La respuesta, más automatizada que pensada, lo sacó de sus cavilaciones, que si bien no eran profundas (jamás lo habían sido) sí eran una manera de vivir realidades alternativas.

Él, el último, pensaba en su regreso a la capital del placentero dolor. Recordó cuántos lunes a las seis de la mañana, más con sueño y con fastidio, que con alegría y optimismo, se había sentado en esas escalinatas a esperar el transporte que le llevaba a su trabajo. Esta vez era diferente. Mentalmente se repitió: “nunca digas nunca” en franca alusión a su explícita declaración de no regresar a esa ciudad ni muerto. Sopesó las ventajas de estar ahí y no encontró una sola. Se puso la trampa de ver el sueño –por fin- realizado, pero luego la descartó por ser una franca mentira. En realidad, en la balanza de los pros y los contras, nada pesaba tanto como para volver a su pasado. Volver a caminar por esas calles llenas de esmog y ruido, abrazar la desesperanza en la “Ciudad de la Esperanza” o sentirse tan vecindad en la “Ciudad de los Palacios” era motivo para rumiar desacuerdos. “La Ciudad de los Palacios” repitió mentalmente y algo parecido a una risa nació en él, “qué ironía, ¿no?” se dijo con ese sarcasmo que ya le era consustancial. “Nadie olvida, nunca… sólo se soslaya” dijo en voz baja, casi inaudible y supo que, inevitablemente, había llegado la hora de desempolvar el cajón de los recuerdos. La avalancha de los momentos idos le estaba aguardando en el instante siguiente que pusiera un pie en “la ciudad más transparente del mundo.” Ahí estarían sus fantasmas: la beca IMCINE, la argentina, la voz de niña, la signo Tauro y otras dos. Así, sin más paciencia pateó una piedra y se frotó los ojos para salir de una vez por todas de sus recuerdos.

“Vale, dejen de pensar bobadas, hay que hacer maletas”, les dijo a los otros dos, que aceptaron con un sí que sabía a proyectos, a planes, a motivos secretos o –habría que decir-particulares…

Vale pues. Salud y recordad que “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”

El U, inventando historias medianoche a las puertas del cielo.

Puebla. Jueves 2 de noviembre, 2006

sábado, septiembre 30, 2006

El veinte

Para mi abogada-contadora favorita, porque "vos y el pecado nacieron juntos"
Y cuando creo justamente estar al borde del abismo de tus labios, resulta que tienes una mejor idea, una mayor perversión. Así, con esa mirada que sólo conocemos ambos, me retas, me invitas, me seduces, te tiendes lentamente, te vas perpetrando en el deseo y me prohíbes tocarte. Vuelvo a sonreír de sólo recordarte aquella nuestra noche, la primera, que tal vez hubiera sido la última de no haberte acariciado con poesía...

Pero es injusto decirte todo esto si ni siquiera he tenido tiempo o paciencia o letras para decirte por qué y para qué necesito tejer tus muslos en el recuerdo. Sé que tuvo que ser viernes, porque cualquier viernes es buena noticia y más si tocan a tu puerta el ocio, la quincena, el pago y el vicio juntos (quiero seguir diciendo tantas cosas y me interrumpe esa maldita manía tuya de interrumpìr, me sorprende esa manera tuya de sorprender, y deletreo tus letras porque apalabro tus palabras.)

Me impacienta tu impaciencia, pero ambos sabemos lo divertido que fue esa mañana cuando carajeabas entre dientes, mientras le exprimías las manecillas al reloj en la parada del autobús. Vuelvo a sonreír cuando repaso cómo me asesinaste con la mirada al acercarme y preguntarte la hora (confieso que fue más con ánimo de joderte el día, de pudrirte un minuto más, de desquiciarte, que por necesidad de conocer en qué minuto caminabas.)

Luego te dije gracias, me arreglé una manga y volví al ataque: “es Carolina Herrera tu perfume?” mientras tu “no” más agrio y desinteresado me acompañaba. Sonreí y no pude más que desenfundar el poco a poco, la relatividad y el espacio, el escape del mundo, la agenda, la calendarización necesaria de tu mirada y tu sonrisa para y por ti.

Quizá fue un acto compasivo de tu parte, tal vez las ganas de jugar el juego, lo único que sé es que luego de tanto y tanto estar al borde del estallamiento, después de tentar a tu paciencia y de provocar tu tolerancia, te arrebaté la primera sonrisa. Y tu voz se hizo dulce, y tus ojos fueron grandes y el sol salía de entre las nubes de ese jodido día con ese jodido clima tan jodidamente terrible. Y fuiste lenta, segura, tranquilamente a suavizar las líneas de tu rostro. Y comenzaste a contarme de tus dos carreras, de tus muchos trabajos y de tu poco tiempo para ti. De tus muchos éxitos y sus secuelas, de tus cero fracasos y sus muchas consecuencias.

Y te miré más linda que nunca, sería porque nunca te había visto. Y comencé a mascullar mis efectos secundarios de esa tarde, justo en el instante previo a que me hicieras el balance de la vida, a que me convencieras de divertirme con ella, de reírme del mundo, de abrir los brazos para, esta vez, por fin, decidida, irreductiblemente, dejar un rato a la sombra la sombra de mi sombra e irme a jugar con tu voz y sus bobadas.

“Nadie hubiera creído que detrás de esa pose de mujer intolerante y odiosa habría alguien con esa capacidad de improvisación”, te dije. “Y nadie hubiera creído que detrás de esa pose de poeta de esquina, filósofo de banqueta, hubiera alguien tan necio y tan miedoso”, -repusiste.

Por eso estoy aquí, en el piso cinco de cualquier lugar, viendo amanecer cerca de tu piel y lejos del mundo, cerca, más cerca que nunca del bien y de vos. Y entonces abres un ojo, con esa mirada, la número veinticuatro, suspirándome y volviendo a reír para hacerme reír, tal vez me besas para que yo escriba: “Y cuando creo justamente estar al borde del abismo de tus labios, resulta que tienes una mejor idea, una mayor perversión, y con esa mirada que sólo conocemos ambos, me retas, me invitas, me seduces, te tiendes lentamente, te vas perpetrando en el deseo y me prohíbes tocarte…” Y sólo atino a decirte "buenos días" y a volverte a mirar.
Y nada más importa.
Vale pues. Salud y que la Felicidad os tome por sorpresa en viernes (es un buen día para ser felices, dice El U)
El U, temeroso de tener miedo.